jueves, 12 de octubre de 2017

La tolerancia a la frustración


Hay luz en el horizonte
(Hay luz en el horizonte)

Podemos entender la frustración como la imposibilidad de satisfacer una necesidad o un deseo; o sea, cuando no conseguimos lo que queremos o cuando nos suceden situaciones no deseadas y, a su vez, como un sentimiento de tristeza, decepción y desilusión que esta imposibilidad provoca. La prolongación de este sentimiento puede llevar a la depresión, a la apatía, condicionando el estado anímico de la persona y su felicidad, en función de su capacidad de gestionar esas emociones. Nuestra reacción ante la situación vendrá condicionada por factores de personalidad y habilidades de afrontamiento, lo que nos llevará a sentir enfado, angustia, ansiedad, etc. si bien, tras racionalizar el escenario, se produce una acomodación donde la disonancia cognitiva no nos atormente y quepa la inteligente adaptación al medio en un equilibrio entre nuestro deseo frustrado y la realidad que se imponga. Ese es el continuo devenir de la existencia humana y lo que fragua las conductas y socialización del sujeto a lo largo de su vida. La teoría freudiana lo enmarcaría en el conflicto entre el superyó y el ello, entre la norma social y el deseo o pulsión con su base subconsciente.

La tolerancia a la frustración resulta de la capacidad o habilidad que tenga el sujeto para soportar esa situación frustrante en función de su análisis y adaptación al medio. Esa tolerancia se suele incrementar con la madurez personal, dado que, a través de la experiencia, el sujeto percibe una realidad compartida con el entorno, con los semejantes, donde los propios deseos chocan con los de los demás y deben encajar en un marco de respeto, compartiendo el todo con ellos en un justo equilibrio de igualdad, al menos de igualdad percibida. Los niños suelen tener poca tolerancia a la frustración, cuestión que se va modulando con la madurez psicológica, que no es lo mismo que la madurez cronológica, o sea la edad. Por tanto, bajo mi opinión, a mayor madurez psicológica mayor tolerancia a la frustración, y mayor frustración ante la inmadurez incapaz de gestionar las emociones.

La sociedad, sistemáticamente, nos va frustrando desde la infancia desde un proceso educacional que nos identifica las conductas y hábitos aceptables y reprobables; establece reglas y normas de convivencia y respeto hacia los demás en función de la cultura social donde nos encontremos y en la cual los principios y valores que la conforman tienen un papel fundamental. Ello no quiere decir que, desde un punto de vista razonable, esa cultura sea ejemplar y la más apropiada para el desarrollo del individuo como persona, por supuesto, sino que es el resultado de un proceso histórico cultural que ha ido definiendo sus valores según el poder y dominio social que se haya impuesto, donde las religiones son elementos claves como amalgama que cohesiona y consolida la sociedad (no entro en valorar el papel de las religiones, con las que me siento muy crítico en tanto son encorsetadoras y dogmáticas).

Los conflictos, pues, están servidos al colisionar esos valores impuestos con otros que emanan de las ideas nuevas, de los pensamientos transgresores que surgen de mentes librepensantes, no sujetas al encorsetamiento del marco social o grupos de presión, por tanto rompedoras. Luego vendrá la gestión del conflicto, la necesidad de dar respuesta a esas nuevas ideas y la posibilidad de cambiar o modificar los viejos valores para adaptarlos a las razonables aportaciones del nuevo pensamiento, rechazando los planteamientos quiméricos y aceptando los que puedan redundar en un desarrollo del conjunto de la ciudadanía, así como el coste de esos cambios desde el punto de vista del conflicto y su gestión. Cabe, pues, un debate sosegado, desde la madurez y el respeto, capaz de comprender y entender que el objetivo final es el progreso de la humanidad desde un punto de vista biopsicosocial, aceptando lo nuevo y modificando lo antiguo.  Así progresó el mundo y así deberá seguir haciéndolo. Tal vez, lo primero que deberían enseñarnos, en el colegio y en la sociedad en su conjunto, es a debatir sosegadamente, con mente abierta y la receptividad suficiente para identificar y aceptar, razonadamente, lo que los demás aportan de bueno y rechazar lo malo, con base argumental claro está. Pero se nos enseña a aceptar sumisamente los valores sociales establecidos, las ideas, principios, héroes y mitos de la cultura que sustenta la sociedad, sin dar demasiado chance al espíritu crítico. Se potencia el condicionante de los prejuicios, que son una forma de pensamiento único que, al generalizar, nos evita el ejercicio de pensar discriminadamente, condicionado por el bulo y las etiquetas: los andaluces son vagos y solo están de juerga, los catalanes tacaños, los vascos brutos, los madrileños chulos, etc. Lo cual es una mentira puesto que en todo lugar hay de todo. Si bien las culturas pueden establecer matices de orientación en un sentido determinado con los hábitos que inoculan en su sociedad.

Dicho esto a modo de encuadre, también diré que, bajo mi opinión, lo que está sucediendo en España, en estos momentos de crisis, es precisamente una confrontación política o de poder, más que social o cultural, una lucha de intereses de grupos ideológicos, económicos y políticos que trasciende, en buena medida, a la sociedad, embarcándola en una confrontación donde se juega con las emociones y se usan los prejuicios y etiquetas para marcar y demonizar al contrario. Para segregar hay que hacer patentes las diferencias, romper los puentes, aflorar los agravios, descalificar al contrario marcándolos como fascistas o represores, o bien como separatistas insolidarios y egoístas que quieren romper lo establecido en beneficio propio obviando los derechos de los demás.  Esto requiere de diálogo y de saber que todos podemos perder o ganar según se establezca la solución. En todo caso, traerá frustraciones, para unos y otros, que se vivirán, en mayor o menor medida, en función de esa tolerancia referida. Posiblemente, y eso sería lo ideal bajo mi punto de vista, una mayor frustración para los vehementes intervencionistas y para los antisistema pues ambos rompen la convivencia con mayor descaro, dejando una menor dosis para el resto de la sociedad madura que puede acabar encontrando, en ese proceso de acercamiento, la posibilidad de compartir un proyecto alternativo al existente, consensuado y beneficioso para todos. La solución que se dé no va a ser, seguramente, la que proponen uno y otro extremos, sino la que más le interese a los poderes económicos y políticos del entorno, no solo localizados en Cataluña o España, sino en el conjunto de Europa con quienes tenemos lazos económicos y políticos difícilmente quebrantables dadas las circunstancias que definen el marco europeo. A nadie le interesa, en estos momentos de incertidumbre, salir del paraguas para caer bajo la lluvia, sería un caos costoso para hacer una catarsis de utopía. Vienen tiempos difíciles y es mejor afrontarlos desde la unidad y desde la conciencia ciudadana común, o sea desde el sentido común.

Yo propongo: Entierren el hacha de guerra y hablen con la intención de articular la convivencia, la interdependencia, mientras fuman la pipa de la paz. Si de partida quieren que el otro asuma sus deseos sin más, poniéndolos como condicionantes irrenunciables, serán unos insensatos y volveremos a la frustración y el fracaso. De todas formas, vayan con la idea de que tendrán que poner en juego su propia tolerancia a la frustración, porque de toda negociación se desprende frustración y eso es bueno, compartir la frustración implica que no hay vencedores ni vencidos. 

domingo, 1 de octubre de 2017

La posverdad y la política.


Hoy es jornada de reflexión. Para mí lo es siempre, porque mi reflexión la gestiono yo y, en este caso, aunque no estoy llamado a reflexionar al no tener que ir a votar, creo que deberíamos hacer esa reflexión propia, todos, para clarificarnos un poco.

Uno ya no se sorprende de nada en esta era de la posverdad, esa especie de verdad falsa que todo el mundo da por buena a base del machaqueo y de la presión social, por muy increíble que sea. La RAE, que próximamente la incluirá en el diccionario, parece que la definirá, según ha comentado el director de la misma, como “la información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público". La posverdad se sitúa en el campo de la especulación, en la creación de falsas verdades que se acaban asumiendo como ciertas por estar en consonancia con nuestros principios, ideas o convicciones políticas o religiosas y vamos arrimando el ascua a nuestra sardina sin quemarnos. Creer en la posverdad, por tanto, sería un acto visceral o emocional. Tiene relación con la evitación de la disonancia cognitiva, según mi entender, pues no me causará conflicto interno aquello que no me los cuestione y además me los afirme. De esta forma damos por buenas afirmaciones tendenciosas, falaces y manipuladoras que tienden a conformar los estados de opinión en que uno se mueve.

Es aquí donde hemos de pararnos a reflexionar para que no nos arrolle la marabunta. Para que podamos discernir la verdad de la posverdad, para escapar del machaqueo que nos separa de la razón y nos ubica en la emoción.

Asumimos como verdad absoluta que las urnas son la democracia, pero la democracia la conforma la ley y las urnas solo son un instrumento para cuantificar la voluntad de la ciudadanía. Las urnas son, pues, un elemento imprescindible para su ejercicio, pero, per se, no son nada… las llegan a utilizar los dictadores para sus referéndum de confirmación, junto a las presiones para votar y el control del sentido del voto de los llamados a ejercerlo. Las urnas sin una ley emanada democráticamente del pueblo a través de sus representantes legítimos no valen para nada. Las urnas sin la libertad y la participación de todo el ideario que representa al pueblo en su diversidad, no tiene nada que ver con la democracia, más bien al contrario, introduce variables distorsionadoras que pueden acabar asociando, exclusivamente, la democracia a la urna en lugar de a la ley que la desarrolla. Para que la urna sea un instrumento de la democracia, se ha de apoyar en una ley democrática. Porque la urna sin ley no es democracia y la ley sin urnas tampoco lo es. La democracia, pues, es la expresión libre de la voluntad de la ciudadanía regulada por leyes emanadas del propio pueblo, mediante sus legítimos representantes, de acuerdo a un marco legal establecido, o ley mayor, como son las constituciones.

El problema viene cuando se discute y rechaza la ley y no se consensua otra que la supla. Entonces, ningún referéndum, ninguna urna, por mucho que se diga, tiene el marchamo de democrática. En este sentido, en el caso catalán, esta consulta llamado referéndum, carece de la legitimidad democrática, como vengo sosteniendo, pues se realiza apoyándose en leyes “ilegales” y obviando los derechos de los otros ciudadanos sobre los que también recae el derecho a decidir según la ley vigente, y cuando digo los otros ciudadanos no me refiero exclusivamente al resto de españoles, sino al resto de ciudadanos catalanes que piensan diferente y cuyos representantes en el parlament no han participado en el proceso de elaboración de esas leyes por no ajustarse al derecho constitucional que avala a la propia cámara.

El derecho a decidir, bajo mi criterio, se ejerce en cada votación democrática de acuerdo a la ley que se desarrolló al efecto. De ahí pueden deprenderse los desacuerdos sobre cuales son las materias en que el elector es competente para decidir. Por ejemplo y en estas circunstancias: ¿El derecho a decidir sobre la separación de Cataluña es exclusivo de los catalanes o del conjunto del Estado? Según el marco constitucional español no se posibilita la secesión y, en todo caso, correspondería al conjunto de la ciudadanía ese derecho,  y según el independentismo, como no podría ser menos, esa ley no es justa y reclaman para sí, para la ciudadanía de Cataluña, en exclusividad, ese derecho.

¿Cuál es la verdad y cual al posverdad? En la política hay más posverdad que verdad. España va bien, el milagro económico del PP con sus reformas, el crecimiento económico, la posverdad de Rajoy, de Montoro, de la Fátima, etc. Pero también la manipulación de la historia, de la información de los medios, del referéndum democrático, de la España nos roba, de toda España es del PP, de generalizar actitudes fascistas como el vergonzoso “a por ellos”, de objetivar de fascista a quien no vote, etc. Cada cual usa esa posverdad para apoyar un objetivo superior, engatusando al ciudadano desde lo emocional más que desde lo racional, lo cual es dudosamente democrático.


Parece que las verdades son, o no son, según la visión de cada cual, la mía es esta que expongo. Las demás las respeto aunque no las comparta, ni acepte que me las impongan. Pero para mí, la gran verdad está en que hay una parte considerable del pueblo catalán que anda harta de la situación al igual que una inmensa mayoría de españoles, que Rajoy la está cagando en la gestión de la crisis desde el mismo momento en que empezó a recoger firmas contra el nuevo estatuto catalán, hace ya años, y que ahora, una alternativa, es prepararse y aglutinar poder para la negociación de un nuevo marco de convivencia que tiene que venir por narices y cuyo resultado es de difícil previsión. El “referéndum” es una buena baza para medir fuerzas y cargarse de razones para negociar.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Son tiempos de sensatez


Cuán difícil es pensar libremente hoy, cómo escapar a las influencias manipuladoras, a las mentiras y medias verdades para centrarse en la verdad, o cómo sortear los influjos de estereotipos, de prejuicios y tópico, o las influencias solidarias de cálidas y fraternales amistades que condicionan ese librepensar. Tal vez deberíamos comprender que la verdad no existe, o hay tantas como personas. Por lo que reencontrarse con la verdad propia, con la congruencia personal desde el sentimiento humanista universal, de mente abierta, desde la sensatez y el sentido común desprovisto de los aspectos emocionales que la nublan, sea lo más aconsejable. La gran verdad se construye confluyendo las pequeñas, o parciales, verdades de cada individuo.

Hoy, más que nunca, la gente adulta, madura psicológicamente, sensata y racional, con criterio razonable y un discernimiento clarividente, que permita el análisis holístico de la situación en todas sus dimensiones, debe aflorar para neutralizar una deriva que, a caballo del sinsentido y la alienación, nos lleve a la debacle. Para ello, desvestidos de las emociones, volando en ala delta sobre la cordillera, observando todas las partes de la montaña, podamos otear el cauce de los ríos y los caminos por donde debemos transitar para llegar al entendimiento. Desde arriba, alejado de influencias manipuladoras, puede que, al sentirnos más libres, seamos más críticos con todo, incluso con nosotros mismos, y podamos llegar al encuentro, o al compromiso de convivencia, dentro de esa diversidad que siempre, por suerte y para bien, debe existir, sin encerrarnos en nuestra parcela.

La sensatez y el buen juicio se alejan de los enrocamientos, de las intransigencias y de los dogmas irrefutables. Convivir, democráticamente, conlleva respeto a la diversidad, no imponer nada y moverse en un marco normativo consensuado de entendimiento flexible, para poder adaptarlo a cada momento histórico sin romper la convivencia. No se trata de la independencia, sino de articular la interdependencia en este mundo global.

Estamos en un momento crítico, donde los extremismos, los intransigentes, se están adueñando del campo de debate, que esperemos no sea de batalla, camino del precipicio. Debemos estar alerta para que, en cuanto aparezcan las orejas del lobo fascista que anda aullando ahí afuera, en el frío invierno de la confrontación, neutralizarlo… ese fascismo que puede aflorar en cualquiera de las partes. Sabemos por experiencia de la historia reciente que el nacionalismo sembró el fascismo en Europa y España y nos llevó a una guerra mundial y, en nuestro caso, a un conflicto fratricida hace ahora 81 años. Las vivencias del pasado deben ser rememoradas para aprender de las viejas experiencias y evitar el llanto y el dolor de lo irreparable.

Pero, lo que es peor, cuando aflora la sensatez o la crítica a alguna de las posiciones integristas del combate, se coloca al crítico en el campo de la intransigencia del contrario. Ya hace tiempo que se inició la batalla. En un principio la guerra es de los medios de comunicación buscando crear opinión, formar y conformar las filas y batallones para la batalla dialéctica y ganar la guerra de la propaganda mediante el influjo y manipulación de los datos, según convenga, para movilizar a la gente. Hoy se gritaba algo así como “prensa española manipuladora”, como si la catalana no lo fuera. Si descalificamos a los medios contrarios los desarmamos y su influjo no tendrá efecto... es una buena y obligada estrategia. Eso forma parte de la guerra, despojar al enemigo de credibilidad. Después, si es necesario, cuando parte del pueblo ya está atrapado en una dinámica de confrontación, en un tobogán imparable del que nadie pueden bajarse sin ser catalogado de traidor, podrá aflorar la violencia por los agravios y desagravios habidos, imaginados o exagerados, y este, ofuscado y beligerante, mostrará su vehemencia hasta en la batalla violenta. Ojalá no llegue ese momento.

En estos momentos, si dices que este referéndum no tiene sentido o validez, por no dar las garantías que debe tener todo referéndum, tal como han dicho algunos catalanes de prestigio como Serrat, te pueden ubicar en el campo de Rajoy y su PP, incluso catalogarte, por algunos, de fascista; si dices que el derecho a decidir desde una concepción de soberanía popular se debería regularizar con una ley de claridad, te colocan en el mundo de los separatistas y traidores a España; y si pides aclaraciones sobre eso del derecho a decidir, sobre qué se puede y se debe decidir, cada cual establece un marco: el constitucional para unos y rupturista para otros, sin entrar en un verdadero debate donde el decidir sea una forma de ejercer tu soberanía en los asuntos que te afecta, en función de la convivencia y de los intereses compartidos con los demás.

Bajo mi criterio, se empiezan a alzar voces de sensatez, acalladas por los intransigentes, donde se pretende el sosegado debate de un nuevo marco relacional, sin ruptura que cause heridas sangrantes en ninguna de las partes. Pero, para eso, tal vez haya que apartar a los embravecidos contendientes que acumulan excesivas bravatas y siguen berreando desde sus trincheras. España en su conjunto, y en especial con Cataluña, deben entenderse. Creo, y no es la primera vez que lo digo (ya lo dije en mi blog cuando Felipe VI asumió el reinado), que esta generación requiere hacer su propia transición sosegada, una segunda transición responsable en base, o no, a la Constitución actual, que se ajuste a una nueva realidad y que enmarque otros cuarenta años de convivencia. Pero nuestros políticos no están a la altura. La corrupción, los intereses de partido, la hipocresía y la deslealtad a sus propios programas y votantes, siguen descalificándolos.

Siéntense los políticos a hacer política y no a crear problemas, a buscar soluciones democráticas, si es que saben y no están actuando por intereses espurios con sus Gurtel, sus 3% y sus reformas y recortes, por decir alguno. Hablen en nombre del pueblo y no lo engañen ni manipulen para llevarlo a la confrontación, al desencuentro, a la enemistad entre vecinos de toda la vida, a la pérdida de confianza entre amigos, a la segregación y a la confusión del horizonte humanista y universal que debe tener presente todo ser humano. Si no saben, que se aparten, que permitan una etapa de debate político con el objetivo claro de acercar posturas y revisar el marco convivencial en una nueva transición hacia el encuentro.

Este conflicto, abanderado por la idea independentista, ha sido alimentado, en gran medida, por la incompetencia de Rajoy y su prepotente partido que, con parte de sus bases ancladas en el pasado, estableció la beligerancia buscando votos donde podía cosecharlos, a sabiendas, al menos eso me parece, que la confrontación era inevitable, aunque, tal vez, pensando que no se llegaría tan lejos. La imagen de Rajoy y sus muchachos recogiendo firmas contra el nuevo estatuto de Cataluña y llevándolo al Constitucional, sigue estando presenta y fue uno de los desencadenantes de esta situación. Su torpeza manifiesta y la obstinación del independentismo han bloqueado las salidas. Si se hubiera firmado ahora no estaríamos viviendo ni hablando de esto.

CONCLUYO: En Cataluña hay una alta dosis de inteligencia en determinadas esferas. Ahora se trata de cultivar esa inteligencia para que tome protagonismo en una nueva etapa donde, bajo mi criterio, deberían pasar el relevo los que han demostrado su incompetencia y su orientación hacia el desencuentro. Es el tiempo del diálogo y del reencuentro. Yo así lo siento, por mis 10 años de vivencia en Cataluña, donde mi casé, por mi familia y mis amistades catalanas, porque Cataluña impregna al resto de España y el resto de España tiene muchos intereses y lazos con Cataluña y porque llevo a Cataluña en mi más profunda identidad personal. Allí sigue mi hermano, mis sobrinos, mis primos, mis amistades antiguas y nuevas, los restos de parte de mis antepasados y una parte muy importante de mi juventud… Señores, lleven el asunto con la sensatez y la delicadeza que se requiere para no tener que arrepentirse de nada… y no olviden que todos somos ciudadanos del mundo, lo que nos lleva a articular nuestra interdependencia.


miércoles, 23 de agosto de 2017

Ante el terrorismo, sentido común


La Fuente de Canaletas. Símbolo de encuentro en las Ramblas.
Los atentados de la Rambla y Cambrils me dejaron sin palabras ante semejante barbarie. Siempre lo mismo, muertos por la intransigencia, por el fanatismo, por mentes alienadas que pierden la razón y se someten a la perversión asesina de otras mentes, que los manipulan y lanzan contra un enemigo imaginario de su fe o de lo que fuere. Los pueblos y credos que viven en paz y armonía, en respeto a la diversidad y la libertad, sin imposiciones, pueden ser llevados a la guerra por unos sujetos que, partiendo de la marginalidad, son capaces de despertar emociones de odio y confrontación, anteponiendo sus delirios y utopías, sus ideas y deseos, a la propia vida y a la ajena, a la convivencia y la paz.

Pero también me quedo sin palabras cuando veo los comentarios tan diversos y dispares, cuando escucho arengas desde púlpitos, cuando observo la utilización partidista de estos hechos que deberían manifestar los valores de unidad y respeto a la vida, cuando surgen los comentarios en este mundo virtual de la gente potenciando, aún más, el desencuentro en el conflicto catalán en lugar del acercamiento respetuoso, cuando se generalizan opiniones o insultos de sujetos dementes cuya expresión es un atentado a la inteligencia y se usan como armas arrojadizas y de confrontación… entonces se me cae el alma al suelo y me digo: “Esta no es mi guerra”. Este debate entre sordos, entre incapaces de establecer un proceso de razonamiento lógico y consecuente con los hechos, no es mi debate. ¿Nos radicalizaremos nosotros también en este camino hacia la oscuridad? Ya pasó en partes de una Europa donde convivían las religiones, donde las razas cohabitaban en paz formando un Estado que acabó en una guerra cruel entre vecinos y amigos mientras se diluía entre la sangre… me refiero a los Balcanes. Pero también se está dando en Siria, Irak, Libia, Afganistán, etc. la primavera árabe puede haberse convertido en un invierno gélido y marchito, que congela las rosas de la sangre de los muertos por la violencia y que arroja a los hijos de la tierra lejos de sus casas.

En todo caso, los incitadores del EI, y los otros ocultos entre bastidores, deben estar frotándose las manos al ver cómo reaccionan muchos ante estos hechos y cómo se crea la confrontación y división entre nosotros, esperando el ataque a sus mezquitas y linchamiento de islamistas para ganar más adeptos victimizando a los creyentes musulmanes y exportando el conflicto a Europa con más virulencia. Ellos quieren confrontar y romper… nosotros debemos establecer estrategias para desmontar sus objetivos y no caer en la trampa. Los musulmanes de buena voluntad deben aliarse de forma activa, en esa lucha contra el terrorismo, de nuestra propia mano y, sus líderes, dejar claro que el terrorismo es un anatema en su religión.

Ahora, vividas y sentidas las emociones que surgen ante la catástrofe asesina, nos toca llamar al sentido común, al análisis de una realidad internacional donde las cosas ya no son lo que eran, donde el mundo se ha globalizado y solo puede ser viable desde los Estados laicos, respetando las religiones que acaten a este Estado. El islamismo debe definirse y luchar codo con codo a lado de la ley, contra el terrorismo y la imposición irracional de sus integristas. El cristianismos debe comprender que Europa es diversa y potenciar el encuentro con otras religiones en lugar de establecer discursos xenófobos en homilías de odio. Europa tiene una larga trayectoria democrática, ha realizado sus revoluciones para poner las cosas en su sitio y no puede volver atrás, sino que los llegados deben asumir el proceso evolutivo de esta sociedad y vivir su credo en un marco de respeto a la diversidad, integrándose en el sistema político de libertades, sin pretender traer teocracias que no caben, o deben caber, en esta cultura social.

En Europa viven muchos cristianos, menos musulmanes y de otros muchos credos. Europa saltó al mundo a “civilizarlo” (lo pongo entre comillas y dejo que cada cual interprete esa actuación desde su análisis de la historia), aunque habría que ver cómo y a qué coste, colonizando esos países que hoy desestabilizan la situación, por haberse desestabilizado antes por cuestiones de geoestrategia de las grandes potencias, dado que Europa y los EE. UU. también han participado en la creación del monstruo (no entraré en ello, pero tenemos interesantes aportaciones sobre cómo y dónde surge el integrismo terrorista).

Concluyo que, si no ponemos algo de sentido común a esto, si no somos capaces de desprendernos del mundo emocional para que aflore el racional, si no comprendemos que la historia nos deja en una encrucijada nueva, que no ha tenido parangón en el pasado, y que requiere una orientación de futuro desde la singularidad del presente que nos ha tozado vivir, acabaremos de nuevo en manos de líderes exaltados, que mueven emociones antes que razones, que sembrarán el odio en el campo del miedo, que se va labrando desde hace tiempo, y que nos llevará a la confrontación y a la guerra desde el renacer de los espíritus del nacismo que nunca se acaba de superar. El miedo es el mejor aliado de los totalitarismos, de aquellos mesías que vienen a protegernos, pero que nos arrebatan la libertad a cambio. Tal vez, en el fondo, eso sea lo que buscan los poderes, que nos sometamos a ellos, que acabemos con un chip bajo la piel, que garantice todo control de nuestras actividades, para evitar que un terrorista se sobrepase, para conseguir erradicar el miedo y sentirnos seguros al ser controlado todo el mundo.

Yo no tengo miedo (¡No tinc po!), le tengo miedo al futuro, a que mañana pierda la libertad a manos de los que decían defenderla, para garantizar esa seguridad. Le tengo miedo a los sujetos tóxicos, a los inseminadores del odio, a los mesías e iluminados patriotas, a los intransigentes e integristas de toda tendencia, a los frustrados y zopencos que solo buscan el protagonismo en su grupo, a los fascismo totalitarios y alienantes, a los que son capaces de matar por una idea en lugar de debatirla o a los que piensan que las ideas se eliminan con las balas… Le tengo miedo a las decisiones que se toman en los despachos de los grandes rascacielos, o en los palacios, a las estrategias de poder del dios dinero y sus lacayos… le tengo miedo a que les arrebaten el futuro a las flamantes generaciones, a nuestros hijos y nietos… Ya saben que el miedo somete, siempre fue así.

Pero, volviendo al tema, ¿acaso la seguridad de la vida se centra solo en los casos terroristas? No es más cierto que se pierde la vida miles de veces más en accidentes de tráfico, en violencia de género, en actos criminales, en accidentes laborales, en enfermedades curables, miseria y hambre, etc… y se hace muy poco, o se le da mucha menos importancia. Solo en EE. UU. murieron en 2014, según el FBI, 11.961 personas por arma de fuego. No contemos los muertos por terrorismo que se dan en los países árabes en conflicto, que son miles, y los heridos. Nuestro cinismo no puede llevarnos al olvidar que el fenómeno de la violencia es de dimensiones mundiales y que tiene su cuna en conflictos y guerras de extraños intereses, en los que, a sus avaladores, la vida humana les importa un bledo si su economía crece. Tengo la impresión de que esta violencia es por desbordamiento de la creada en otros lugares del mundo. La pregunta es: ¿Qué mano mece esta cuna?


Por tanto, si hago esta reflexión es para llamar al sentido común, para que seamos capaces de aparcar las emociones y usar la razón a fin de reenfocar esta situación de convivencia que nos acerque en lugar de alejarnos, que resalte lo común y positivo y que rechace o reconduzca lo que nos pueda dividir… pero claro, esta es mi opinión personal, que solo me afecta a mí y a quienes la compartan.

Todos contra el terrorismo.

sábado, 5 de agosto de 2017

Angustia matinal


Huir del pensamiento
Se suele decir, y con verdad, que cuando se empieza a dormir uno o en el momento de despertar, se anda desconectado del mundo real y afloran las ideas raras, descontextualizadas. El superyó anda relajado. En esos instantes los pensamientos y razonamientos pierden la identidad de racionales para convertirse en incontrolados. Yo, al menos, lo vengo comprobando desde hace mucho tiempo. En todo caso, no es mala cosa ver y analizar el vuelo de esas ideas y pensamientos para conocer algo mejor nuestro subconsciente, al modo de un autopsicoanálisis, si se me permite usar ese palabro.

Pero vayamos al caso. Siempre me resultó poco atractiva la personalidad histeriforme y/o histriónica tal como reflejo en otra entrada en mi blog de hace 5 años (ver enlace cliqueando sobre histriónica). Es, por tanto, manifiesto mi rechazo a las manifestaciones histéricas y a la teatralidad que busca la llamada de atención. También me resultaron molestas las personas hipocondriacas, que se adjudican enfermedades a su antojo subconsciente y que andan sistemáticamente reclamando atención a sus dolencias, que, por definición, no curan nunca; o sea, lo que es un enfermo imaginario de cura imposible. Pero no me negaréis, amigos, que existe una similitud entre ambas manifestaciones enfocadas al clamor de la atención por parte del entorno.

En todo caso, subyace esa demanda de atención que podría basarse en una infravaloración del yo y la necesidad de recibir afecto y cuidados por parte de los demás, antes que una indiferencia manifiesta. Pero por qué no pensar también que son sujetos con un matiz narcisistas que usan la enfermedad o sus conductas histriónicas como estrategia para exigir una atención y reconocimiento de su protagonismo, como reafirmación de su poder sobre los otros, a los que someten desde una demanda calculada por el subconsciente para ser la estrella o centro sobre el que giran los demás. Puede que lo del narcisismo aplicado a estos casos sea hilar demasiado fino, pero el matiz podría estar latente, bajo mi opinión.

Por tanto, para mí, siempre resultaron desagradables esas manifestaciones y conductas, por lo que me fue especialmente complicado el establecimiento de estrategias adecuadas para, lo que en psicología y psiquiatría se llama, la gestión de la transferencia y contratransferencia. Tal vez, y no lo descarto, pudiera haber una proyección mía donde aflorara mi propia histeria y/o hipocondría, provocándose un conflicto intrapersonal, en mi interior, al confrontar una realidad negada, dado que nunca tuve conciencia de estar inmerso en esas manifestaciones. O el rechazo podría venir, incluso, de vivencias infantiles que observaron, desde la asimetría del poder entre hombres y mujeres de aquellos tiempos, reacciones histéricas como escape a problemas que requerían soluciones o a demandas insatisfechas. Concluyo, pues, que las manifestaciones histéricas e hipocondriacas podrían sustentarse en conductas infantiles no evolucionadas hacia la serena manifestación de la madurez psicológica, reclamando la expresión afectiva mediante la atención, lo que produce cierta disonancia cognitiva en el espectador al tratar con adultos de actitudes infantiles.

Bueno, cuando empecé a escribir, no pretendía alargarme en estas consideraciones, pero dado que pueden servir para contextualizar mejor mi reflexión matinal me he permitido extenderme algo más. El caso es que esta mañana, casi entre sueños y mientras me despertaba, dado que había tenido algunas molestias o malestar a lo largo de la anoche, mi mente empezó a dar vueltas en absoluta libertad, descontrolada de mi razonamiento lógico, y, en mi fantasía hipocondriaca, fui pensando que algún mal incurable me afectaba, como una afección de riñones, dado el dolor en la zona lumbar que me había despertado en la madrugada.  

Ya empecé a verme adosado a una máquina, dializándome por un fallo renal; o tal vez, las molestias que se irradiaban al estómago fueran por un cáncer, que me llevaría a un acorta vida y a un sufrimiento, obligándome a, en un corto espacio de tiempo, hacer todo lo que me quedaba por realizar en esta vida según mi opinión que, por cierto, en esos momentos, andaba por el limbo del razonamiento. Inmediatamente tomé el control del pensamiento y empecé a reírme de tal dislate. Al racionalizar el pensamiento, al exigir una cierta cohesión argumental de mi ideación, fui desmontando los fantasmas del amanecer, del despertar desde un más allá soporífero y de ensueño, para tomar conciencia de la realidad del momento y de los mecanismos que me habían llevado a desvariar desde el miedo y no sé qué más condicionantes.

El asunto viene a colación, y por eso lo expongo, para comprender cómo el pensamiento vuela en libertad irracional hasta que lo domeñamos, hasta que lo sometemos a la racionalidad. Claro que ese pensamiento es la ideación de una mente que, mediante un proceso cognitivo, trabaja en una línea de computación con los estímulos que recibe, incluyendo las emociones, los miedos y las preocupaciones que nos abordan. Si no controlo esa preocupación de mi mente y concluyo con ella en que estoy sintiendo los síntomas de determinada enfermedad fatal, acabaría yendo al médico o a la urgencia inmediatamente para yugular el mal de mi enfermedad imaginaria. Por lo que si sigo dándole más importancia a la percepción de síntomas, más o menos ficticios, que a mi propio razonamiento lógico, mi hipocondría me llevaría a la amargura y a la vivencia de ese malestar como enfermo imaginario. Luego llegué a la conclusión de que el Albariño y el pulpo de anoche pudieron atacar de forma cruel mi aparato digestivo y hacer de las suyas en el tránsito hacia el lugar de fuga definitivo, y que el dolor de riñones no era más que una mala postura adquirida durante la siesta en el sillón.

Todo esto lo vengo a comentar por si les sirve a aquellas personas que se angustian de forma irracional ante cualquier síntoma, para quienes se imaginan padecer enfermedades sin contrastarlo debidamente, o para quienes dejan volar su pensamiento sin someterlo a una reflexión argumentada. El hipocondriaco, posiblemente, no tenga técnicas adecuadas para racionalizar su sentimiento, pero sería bueno que empezara a discernir entre lo imaginario y la realidad contrastable, para escapar de esa trampa que él mismo se tiende de forma subconsciente y que le amarga la vida. La proyección en uno, de los síntomas que tienen los demás, siempre suele ser falaz, o sea mentira. Si uno se escucha, sobre todo en el silencio de la noche, seguro que encontrará molestias, dado que está vivo y el organismo es un ente activo, cargado de terminaciones nerviosas, que mandan continuamente información al cerebro sobre cómo va funcionando la máquina… no confundamos esa información con alertas irracionales de dolor, pero si existe alguna molestia habrá que filiarla, es decir identificar su causa, y meterla en el cajón de los olvidos si no tiene importancia, siguiendo los criterios técnicos del personal médico cualificado.

Al levantarme he pensado que sería bueno compartir esa forma de eliminar el asomo de angustia que me atacó al despertar y por eso lo escribo, para que lo lean quienes estén interesados. No deja de ser una cuestión de afrontamiento personal, que se sustenta en mi forma de ver y razonar las cosas y que, tal vez, no sea aplicable para otros muchos, pero ahí está…



viernes, 28 de julio de 2017

Corrupción democrática

  
El otro día, si no recuerdo mal, un político en el congreso acusó a otro de corrupción democrática. Lo sorprendente es que acuse al otro sin mirarse al espejo. No sé lo que entiende ese hombre por corrupción democrática, pero a mí me ha obligado a pensar e intentar clarificar mis ideas respecto a ello. Yo había escrito hace unos días que “este mundo lleva una marcha vertiginosa hacia la mierda. Y cuando digo mierda me refiero a las heces que están cubriendo el mundo de la política. Esas heces que están corrompiendo el sistema democrático” hasta acabar con el mismo. Tal vez ese sea el objetivo final, el modificar el sistema para entregar el poder a los grupos económicos y financieros a los que andan sirviendo algunos, por no decir muchos o casi todos, de los implicados en la gobernanza del mundo democrático. La crisis se ha instrumentalizado para un mayor desarrollo del poder de las multinacionales y de la ideología neoliberal. El ser humano pasará en el futuro a formar parte de un todo, perdiendo su individualidad y teniendo que acoplarse a un macrosistema globalizado que todo lo controlará mediante el uso de las altas tecnologías que ya se están desarrollando y que se ocultan a la comprensión del ciudadano de a pie. Existe un gran peligro en el uso de los adelantos en psiconeurofisiología y la capacidad de influir sobre el cerebro de la gente y sus conductas, dando paso y mayor protagonismo a la inteligencia artificial. Las tecnologías pueden liberar a la gente o pueden someterlos, según el uso que se les dé, dependerá de qué intereses tienen los responsables en la toma de decisiones y en el proceso legislativo que condicione su uso.

Mi personal impresión es que todo lo que está pasando tiene un sentido analítico experimental, que lleva a conclusiones aplicables a los cambios sociales y estructurales que se avecinan. La tolerancia de la ciudadanía con los cambios se va visualizando y en función de ella se progresa en dirección al futuro. No se extrañen que dentro de poco andemos con chips incorporados en lugar de los DNI, donde figuren un cúmulo de datos sobre nuestra situación biopsicosocial, para evitar o neutralizar el miedo a los atentados terroristas, o para tener acceso a determinados servicios, para circular por las calles con garantía, para poder manejar los vehículos de última generación o para tener reconocimiento social. Renunciaremos al derecho a nuestra intimidad para sentir la garantía de la seguridad y la imbricación en un nuevo sistema de relaciones sociales y estructura funcional.


Nuestro poder de reacción está siendo analizado por los psicólogos, sociólogos y otros muchos expertos, como es natural en todo sistema orientado al conocimiento científico, y de esas respuestas se concluirá cómo actuar e influir sobre las masas, cómo crear estados de opinión y manipular actitudes e ideas en beneficio del nuevo orden. Estarán pensado a ver hasta dónde tragamos. Seguro que interesa en qué nivel de corrupción tenemos el umbral de tolerancia y cómo se amplía o modifica ese umbral para conseguir revertir el mando desde el sistema democrático a un sistema nuevo, manipulativo, donde se vota y opina, pero condicionado por los medios de comunicación y por el efecto hooligan, siendo permeable a las nuevas tecnologías de la comunicación y educación o proceso formativo.  He aquí el gran dilema: cómo se coordina la aplicación de las nuevas tecnologías respetando las esencias del ser humano para evitar someterlo a esas tendencias. Con esta línea argumental, que a alguno le pueda parecer conspiranoica, dado que se fundamenta en apreciaciones subjetivas, con una alta dosis de interpretación intuitiva, solo pretendo alertar sobre un potencial devenir que condicione un futuro sin democracia, con Estados y Gobiernos impotentes y la toma de decisiones en manos de corporaciones o grupos donde el ciudadano no tenga ni voz ni voto.


Ahora, volviendo al análisis del concepto inicial, me quedé pensando en esa nueva acuñación de: CORRUPCIÓN DEMOCRÁTICA y si es compatible con esa afirmación mía a la que aludí al inicio. Corrupción democrática, al menos para mí, sería alterar el sistema democrático, apartándolo de su objetivo, para usarlo con pretensiones espurias y desvistiéndolo de las bases o principios que lo sustentan y definen. No hablo, ahora de las elucubraciones o disquisiciones que he planteado sobre el proyecto soterrado que pudiera estar llevándose a efecto para un nuevo orden, del que tanto se habla y ha hablado, sino de la realidad palpable que vivimos en el día a día.


Si democracia es “el sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho del pueblo a elegir y controlar a sus gobernantes”, entiendo que hay tres elementos importantes en todo funcionamiento democrático: uno es la incuestionable soberanía popular; otro el derecho a elegir libremente, bajo unas condiciones homogéneas para todos los partidos, a quienes quieres que te gobiernen en función de un programa o compromiso político; y finalmente la capacidad de controlar eficazmente a los gobernantes para exigirles el cumplimiento del pacto electoral, es decir hacerles cumplir los compromisos que han adquirido con la ciudadanía, o lo que es lo mismo, el buen uso del poder que le han delegado los electores.

Cualquier alteración de estos principios básicos, que enmarcan la democracia, podría considerarse corrupción democrática, bien sea desde un punto de vista operativo o ideológico. Por tanto, entiendo que podríamos encuadrar, en este término de corrupción, estas y algunas otras conductas que suelen practicar muchos políticos y/o partidos: 
  1. No cumplir el programa votado alterando, con cualquier excusa, lo establecido.
  2. Jugar con ventaja en los procesos electorales bien por financiación o por trato especial a alguno de los contrincantes.
  3. Sustraer a la voluntad del pueblo las decisiones que le corresponden como soberano, modificando leyes de rango superior o del derecho internacional, sin someterlas a su criterio.
  4. No respetar e intentar influir en las decisiones de los otros pilares de la democracia, como son: el judicial, el legislativo y el ejecutivo.
  5. Usar en beneficio propio, o de sus afines, las estructuras del poder o pervertir el sistema administrativo para sacar ventaja partidista.
  6. Establecer redes clientelares, desde el gobierno, beneficiando a sujetos adeptos al partido, actuando con nepotismo.
  7. Mentir al ciudadano para eludir el control sobre la actividad que se desarrolla.
  8. El uso del cinismo y la mentira, de la manipulación y desinformación, para generar estados artificiales de opinión en la ciudadanía, que favorezcan al partido.
  9. Desde la concepción ideológica, alentar el golpismo para controlar la situación e imponer gobiernos o estructuras afines.
  10. Justificar dictaduras y gobiernos absolutistas que atenten contra los principios democráticos.
  11. Ser conniventes con los delitos de lesa humanidad, fueren donde fuesen cometidos.
  12. Substraer al debate público las cuestiones trascendentes mediante maniobras de distracción con temas de importancia secundaria o ajena a los intereses inmediatos de la ciudadanía.

Estos 12 parámetros pueden ser significativos, incluso formar una especie de baremo con el que medir el nivel de corrupción y/o de limpieza democrática.


Existe, bajo mi punto de vista, otra variable de estudio sobre los niveles de corrupción democrática existentes en un Estado. Me refiero a la cultura democrática del pueblo que ejerce de elector y soberano. Mientras mayor tolerancia hay respecto a los grupos políticos corruptos menor nivel de esa cultura encontraremos. Es deseable que un Estado democrático se sustente sobre una sólida cultura democrática de su pueblo, que cada ciudadano sea capaz de analizar y discernir para valorar correctamente al poder político, no renunciando, en ningún caso, a la responsabilidad que conlleva el ejercicio de la democracia, como es la exigencia de ejemplaridad al mundo de la política y la preservación de su soberanía en consonancia con el resto de ciudadanos que conforma el Estado. Renunciar al ejercicio de la política, es renunciar a la propia soberanía, a la libertad sobre la toma de las decisiones que te afectan. El hecho de existir políticos corruptos es producto de nuestra inactividad y tolerancia. No es cuestión de huir del problema, diciendo que todos los políticos son iguales, que es el discurso de los defensores de los absolutismos dictatoriales, sino tomarlo por los cuernos y reconducirlo hacia la buena praxis, en ética y conductas políticas.

Cuando un Estado o país está gobernado por gente de moral y acción corrupta y ese gobierno es avalado por el voto mayoritario de la ciudadanía, nos encontraremos ante un supuesto de déficit de formación y conciencia democrática del pueblo votante. En este caso, el votante es cómplice del corrupto y realiza un perjuicio sobre sus conciudadanos al obligarlos a padecer gobiernos que ejercen la corrupción. Entiendo que hay mucho hooligan en esto de la política, que nuestra sociedad cultiva una irracional pertenencia al grupo, al que se le perdona todo por ser de los nuestros, pero, aún con estas matizaciones, hay un punto donde el ser humano, el sujeto pensante, ha de poner límite y denunciar determinadas actividades ilegales o ilegítimas de su grupo, sobre todo, por el bien y conservación del propio grupo.

A modo de conclusión, sugeriría el uso de esa relación de 12 conductas corruptas que atacan la democracia para valorar e identificar a los partidos que nos representan. Sería interesante ver ese ranking de corrupción y en función de ello tomar conciencia de una realidad que nos envuelve, de la que nos quejamos desde un victimismo irracional, dado que tenemos la solución en la mano al ejercer el derecho del voto. Si están ahí es porque se les ha votado. Tal vez, si piensas libremente, obviando esa faceta de hooligan, o de hincha futbolero, podrás valorar e identificar ese nivel de corrupción para escapar de la responsabilidad, o culpa, de apoyar, como cómplice, a quien la ejerce.

Por cierto, se me olvidaba decir que el parlamentario que acusó al otro de Corrupción Democrática fue Rajoy a Pablo Iglesias. Claro ejemplo de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio.


sábado, 22 de julio de 2017

Playa de las Catedrales y Mondoñedo.



La Playa de las Catedrales es un lugar sorprendente. En esta nuestra tercera visita, realizada el 14 de mayo pasado, nos acompañaron Eva y Frank. No siempre se puede acceder dado que solo es visitable cuando la marea esta baja y deja al descubierto su encanto y los espacios de playa y arena que te permiten pasear por ella. Por tanto es conveniente, para ir sobre seguro, consultar el horario de la bajamar, dado que algo antes de la misma es el momento más adecuado para la visita. Según la temporada el acceso es controlado o no, es decir, en verano se ha de pedir cita para la visita, pero en otros meses no. No obstante es aconsejable entrar en su página web e informarse de ese y otros detalles para hacer la visita con garantía y conociendo las normas que la condicionan. Este año el acceso está restringido desde el 7 de julio al 17 de septiembre.

Dado que habíamos salido de A Coruña a primera hora de la mañana y que la bajamar era a las 13,17 h. decidimos aprovechar la circunstancia y darnos un paseo por Mondoñedo para visitar la ciudad y hacer tiempo. Como ya sabréis, Mondoñedo es un municipio y localidad situado en la comarca de La Mariña Central, de la cual es capital, en el norte de la provincia de Lugo y tiene sede episcopal compartida con Ferrol, aunque el obispo reside en esta última. Fue capital de una de las siete provincias históricas gallegas hasta 1833.

Desde 1940 ha ido decreciendo el número de sus habitantes pasando de más de 8.000 a 3.820 en el último censo. No hablaré de su historia que es amplia y de significativa importancia en el devenir de Galicia y de España con importantes hechos históricos. En todo caso resalto, desde el punto de vista de su monumentalidad, la Catedral que fue construida en el siglo XIII y conserva la puerta románica primitiva e importantes elementos como las vidrieras barrocas, el rosetón y pinturas y obras de arte relevantes. Tiene una espléndida vista desde los soportales de la plaza de España, o desde donde se halla la relajada estatua sedente de Don Álvaro Cunqueiro, notable escritor y poeta hijo de la villa. No nos fue posible entrar a fondo en la visita, por lo que solo anduvimos paseando por la ciudad y conociendo sus calles y las fachadas de sus principales monumentos, como el Santuario de los Remedios, hospital de San Pablo, etc. Una hora, aunque sea larga, no da para mucho más.

La Playa de las Catedrales es otro mundo. La naturaleza, en su continuo combate entre sus distintos elementos, ha creado una maravilla natural sorprendente. La firme roca de la costa se fue resistiendo, a lo largo de la historia, a las tremendas acometidas de la mar embravecida, apoyada por los vientos marinos que la escoltan, en la eterna batalla entre el agua y la tierra; el agua no solo hostigó la roca desde el mar sino que, a través de torrenciales lluvias, la fue erosionando con su pertinaz y secular insistencia en las tierras gallegas. Si Finisterre era un monte agredido por la mar, esto es un corte vertical con que el mar hirió a la tierra. En el mismo fraguó sus oquedades y fue perforando las entrañas de las rocas hasta crear en su interior inmensas cúpulas y bóvedas semejando el interior de catedrales, de ahí su nombre. La roca, en su parte más blanda, le fue dejando entrar en la pleamar, sabedora de que era segura su huida en bajamar. Al final, esa agresión, se fue convirtiendo en un juego amoroso, donde el flujo marino penetra el interior de la roca en un placentero espectáculo de acometidas cargadas de la sensualidad, donde se conjuga el rugir apasionado de las olas con el suave reflujo del agua al retirarse, para gestar el milagro de la naturaleza, dando a luz a esa inmensa y esplendorosa costa de misteriosas oquedades en el vientre de la tierra.

Pasear por su blanca arena evitando, o pisando, las pequeñas lagunas que quedaron presas al retirarse las olas, mientras juegas a ir descubriendo las diferentes grutas y cavidades con su caprichosa forma, es un verdadero placer. Sorpresa de un admirado espectáculo aderezado con la suave caricia de la brisa y la monótona sinfonía de las olas al romper con su violencia contra la roca o con suavidad sobre la arena. Buscas fotos intentando apresar, inútilmente, las esencias del momento que solo las podremos reducir al impacto visual, sin poder atrapar las sensaciones musicales que conforman los ritmos naturales de la vida, el canto de las olas, el rugir del viento o el persistente graznar de la gaviota; o las esencias y el perfume de la mar deshaciéndose en las olas espumosas para entregar a la brisa mensajera los efluvios de su aroma y sabor marino.

Mientras vas paseando intentas descubrir cada rincón, otear desde los lugares más diversos para localizar distintas panorámicas, observar cómo la gente disfruta del momento. Te arriesgas, como hizo Eva, a subir peligrosamente a atalayas como el arco inmenso y caprichoso que las aguas fraguaron en la roca. Andar sosegadamente en este espacio, es como vivir el momento en otra dimensión. Abstraerse del ruido mundanal del urbanita, olvidar el rugir de los motores y el ajetreo estresante de una vida de locura esclava del tiránico reloj. Aquí, en este galaico lugar de meigas, si tapas tus oídos al infierno artificial creado por el hombre, viajarás a otra dimensión de la mano de la madre naturaleza y veras los milagros de la vida en equilibrio mediante la interacción de sus principales elementos presocráticos, como son: tierra, agua y aire, dejando el fuego como la ardorosa forma de expresar las sensaciones resultantes al contemplar la magia de ese juego.

Amigo lector, quisiera, sin abusar de tu atención, llevarte en volandas a vivir lo que he vivido, pero me quedaría corto si, a los placeres sensoriales del alma, no sumara los del cuerpo. Por eso, tras sentir las emociones que he descrito, buscamos, el yantar que llenara el vacuo estómago que empezaba a protestar ignorando la belleza que nos extasiaba. Por tanto, tomamos las de Villadiego y buscamos en Ribadeo un lugar donde comer que tuviera una oferta típica de los manjares de la zona… y allá que nos fuimos al mesón pulpería O Forno donde saciamos el apetito a base de variados productos de la tierra y el mar gallego. Eso sí, yo seguí condenado a beber agua y ver como mis acompañantes degustaban un albariño delicioso al que solo pude acceder para degustarlo en plan sommelier.

Después, con los riesgos que conlleva conducir recién comido, viajamos a Luarca, pero eso es otra cuestión que queda para otro momento… En todo caso, si puedes alguna vez, organiza la visita a esa Playa de las Catedrales para sentir, en vivo y en directo, todo lo que te he contado, mientras tanto y a modo de aperitivo te dejo unas fotos, algo es algo…


 

























lunes, 10 de julio de 2017

Finisterre, el fin del mundo...


Faro de Finisterre
El 13 de mayo salimos de A Coruña con la intención de ver por primera vez Finisterre, pues no habíamos ido ninguna de las veces que visitamos Galicia. Finisterre, era el fin de la tierra para los antiguos, donde acababa el mar y aparecían los monstruos abisales de un enigmático abismo en el que concluía el mundo conocido, un tenebroso y mítico lugar que no dejaba, ni deja, indiferente a ningún visitante.

Allá por el Siglo I, según cuenta Lucio Anneo Floro, “el victoriosos Décimo Junio Bruto, tras recorrer toda la costa del Océano, no regresó hasta contemplar, no sin cierto horror y miedo de cometer un sacrilegio, como el sol se precipitaba en el mar y una llamarada salía de las aguas”. Yo lo entiendo, porque el ocaso del sol en un inmenso océano, visto desde la altura de un monte como el que adorna el faro de Finisterre, no deja de ser un espectáculo sorprendente. El sol se pierde en el agua, se hunde y apaga dejando un inmenso resplandor que ilumina las nubes y tiñe los cielos de un rojo luminoso espectacular. Qué extraña fantasía afloraría en la mente de un sujeto que no sabe ni entiende de rotaciones terrestres, ni de las leyes y el orden astronómico que rigen en el universo. La visión crepuscular, de la puesta de sol, sigue extasiando al espectador, a pesar de su racional conocimiento de los fenómenos que la producen, y dada su imprevisible manifestación tan variada en función del estado del cielo en esos momentos, sigue embelesando aunque lo hayas visto más de una vez. Una inmensa bola roja va declinando lentamente y, en el momento de tocar el agua, parece que acelera y en poco tiempo se pierde, como si esa esfera candente se apagara al contacto con el agua dejando un cielo incandescente, cargado de tonos y matices con su resplandor.

Finisterre

En este sentido resalto el embrujo y la magia que nos embargan en las salidas y puestas de sol. Ya he referido algunas veces que el sol es el exponente más simbólico de la vida; tal vez por eso el hombre primitivo lo adoró como el dios máximo de la creación. Para ese hombre primitivo que exaltó al sol a nivel de divinidad, el ciclo del mismo representó la esencia de la propia vida: el amanecer es el nacer, el tránsito por la bóveda celestial es la propia vida y el anochecer u ocaso es la simbolización de la muerte. Después viene la penumbra de la noche, la oscuridad insondable que nos muestra el desconocimiento del más allá, con sus miedos y sus monstruos, sus fantasmas y los espíritus de los muertos que pululan buscando su aposento final. El sueño es lo más parecido a la muerte, nos ausentamos de la vida por momentos y no somos nuestros dueños, sino que estamos sometidos al influjo del ensoñamiento y a la indefensión ante el ataque de los depredadores y enemigos. Luego despertamos, amanecemos de nuevo a otro día que, en cierto sentido, es otra vida nueva anclada en las experiencias del pasado, a la vieja usanza de la concepción mística y religiosa que definen los budistas con sus reencarnaciones.

Parroquia de San Vecenzo do Duio
Pero dejemos esta elucubraciones y pasemos al relato. Antes de llegar, para que los amigos Frank y Eva asistieran a la misa de rigor, buscamos por internet un lugar próximo y en ruta donde se celebrara la eucaristía. La encontramos en un pueblecito perdido, una pequeña iglesia parroquial inserta en el cementerio del lugar, llamada San Vicenzo de Duio. Mientras ellos cumplían con sus deberes religiosos, nosotros, que no somos practicantes, nos dedicamos a recorrer la zona con el coche e ir descubriendo rincones originales de la Galicia profunda, sus verdes campos repletos de pasto para el ganado, sus casas con muros de piedra, sus calles estrechas, sus hórreos típicos de hasta 10 patas y sus caminos angostos. Bosques frondosos, verdes pastos, casas de piedra, agua, vacas y flora silvestre, junto a algún que otro perro que ladraba repeliendo la invasión del desconocido.
 
Entrada en hórreos
Experimentamos la visión de un mundo diferente, singular, que solo se puede palpar si te adentras en lo rústico y alejado del mundanal ruido. No sería yo capaz de vivir allá, con aquel clima y faena, pero no deja de ser un excelente lugar para un retiro puntual del ajetreo del urbanita estresado. Casas diseminadas, caserones de labranza, forraje para los animales y el colorido de un campo que eclosiona en primavera. Galicia, la singular Galicia, mostraba el verdor de sus campos y montañas, su peculiar orografía y sus casas, entre ráfagas de nubes y de lluvia en un eterno y bucólico baile de armoniosa vida secular.
 
Calle del pueblo
Cuando volvimos a buscar a los amigos, nada más aparcar el coche, un chucho chillón se deshacía en ladridos amenazantes desde una prudente distancia, como si me dijera: “Este es terreno mío y de mi amo, tú eres un intruso intolerable y debes abandonar este lugar, no nos fiamos de ti ni de tus intenciones; solo se admiten a los conocidos, fuera de aquí o probarás mis feroces fauces de can cabreado…” ¡Caray, al poco tiempo ya eran dos los que ladraban! Pasé de sentirme seguro a mostrar cierto reparo, que se fue convirtiendo en desasosiego tendente al miedo, mientras los chuchos acentuaban sus ladridos, posiblemente al oler ese miedo que afloraba. Al final, dado que estaban bloqueando el acceso al coche, decidí hacer un espaviento para amedrentarlos y conseguí romper el cerco.
 
Vista del campo
Dado que aún no había terminado la misa y que el minúsculo cementerio circundaba la pequeña y rústica iglesia, me dediqué a observar los enterramientos. Siempre me gustó verlos desde este lado de la vida, no sé cómo se verán desde el otro, si acaso se ven. Lo curioso es que el perro, cuando pasé al cementerio dejo de ladrar, posiblemente entendió que allí moraban los muertos y esos no son peligrosos, por tanto me debió dar por fenecido al traspasar la frontera de la vida y se fue triunfante a casa de su amo. Es a destacar cómo en los sitios más recónditos se explicita el culto a los antepasados, a los seres queridos, a los que se les rinde pleitesía dejando patente el recuerdo en las lápidas que adornan el panteón o nicho donde descansan sus restos. Vi distintas inscripciones donde se apreciaban edades muy variadas de abandono de esta vida, desde niños y jóvenes, hasta gente longeva, muy longevas… parece que quien supera la prueba y se inmuniza ante el mundo labriego tiene garantía de una larga vida.
 
Cruceiro antes de llegar a Finisterre
Pero vayamos a casos de más agrado en nuestra ruta turística. Nuestro objetivo era visitar el cabo de Finisterre, su faro y el entorno. Y sí, allí está el final de la tierra.  Agua y más agua conforman un horizonte desde la perspectiva singular de una abrupta zona montañosa, que lucha estoicamente con la mar para defender los límites de la tierra de las acometidas de las olas, en esa eterna pugna entre el agua y las rocas por ganar espacios propios, que la agreden en los días de mar embravecida. Mirando al fondo, ves destrozarse las olas contra el indeleble muro de las rocas, en una eterna batalla suicida, que ruge y emite borbotones, espuma y agua pulverizada hasta confundirse en el aire. Bello espectáculo de la naturaleza en la confluencia entre tres de sus elementos básicos: sólida roca, líquido elemento marino y aire de la atmósfera que los cubre. El viento, sabedor de su influencia sobre el alborotado mar, sigue jugando hasta picarlo llenándolo de enrabietada espuma, a la par que lame las laderas y barre el entorno del faro y el pequeño hotel que hay enfrente, con un soplido que suena a lamento amenazante y lúgubre.
 
Kilómetro cero
Gran espectáculo de luz y sonido natural, donde se conjuga la puesta de sol con la penumbra inquietante, el viento que ladra retador y el mar con su infinita danza de oleaje permanente. Allí, sentado, con la mirada perdida en el horizonte, se toma conciencia de la nimiedad del ser humano, de su finitud ante el poder de la naturaleza y de la injustificada soberbia que nos adorna. El sol, al igual que nosotros, también muere esta tarde, pero nos deja la esperanza de resurgir mañana, de resucitar para tener otra oportunidad de vida donde corregir los errores y elevar nuestro espíritu para que, desde esa conciencia de nimiedad, podamos comprender lo que somos y para qué somos, si ello es posible, dentro de nuestra limitada conciencia de vida y anclaje al entorno que nos sustenta.
 
Sobre la roca
Luego, dando un paseo por la zona, vas descubriendo lugares que te llaman la atención. Por ejemplo, existía una antigua costumbre de los peregrinos que venían hasta Santiago desde todo el universo católico, consistente en ir hasta el fin de la tierra para quemar determinadas pertenencias en una hoguera. La tradición obliga a quemar alguna prenda de ropa que se haya vestido durante las etapas del recorrido como símbolo de la renovación interior que todo peregrino sufre en el Camino de Santiago. Se quema lo viejo para dar cabida a lo nuevo. Allá se ve el lugar donde se realizaba esa práctica, hoy prohibida por convertir el lugar en un auténtico vertedero, que ha obligado al Concello a retirar cada año toneladas de basura.
 
Al borde del mar
Os sugiero dar una vuelta por el lugar, visitar el faro, subir por las veredas en torno a las escarpadas rocas, asomarse al abismo y disfrutar de las impresionantes panorámicas que nos ofrece. Reta al viento, sube a la roca y grita, deja que la melena (quien la tenga, claro, no es mi caso) baile mecida por el aire que, a veces, notarás como agresivo y otras acariciante. Es un reto: a los pies el precipicio, al fondo la mar brava, al frente el viento acometiendo y sobre tu cabeza el sol y las nubes en juegos y requiebros, y tú, retando a todo ello, inhiesto y espigado sobre la roca, implorando y despidiendo al dios Sol con los brazos abiertos y un grito o aullido primitivo testifical de tu presencia. ¡Qué maravilla, qué sensación más singular e indescriptible! Te sientes poderoso sobre la sólida roca, mientras a tus pies el mundo sigue su tránsito, el mar brama, el viento sopla y las nubes siguen jugando con el viento y un sol que se esconde y aparece en una danza imprevisible de luces y de sombras.
 
El mundo a tus pies

Después vuelve a la realidad de la vida, y te vas a tomar algo al bar del hotel para, desde allí, seguir disfrutando de unas excelentes panorámicas a cubierto, entre la penumbra del atardecer y la noche que se aproxima lenta pero inexorablemente. Ahora toca volver, pero antes no estaría de más una cena a base de productos de la tierra en el mismo Fisterra, ya tendremos tiempo de tornar a A Coruña para descansar. Por tanto, tomamos posesión de una mesa en la Sidrería A Cantina y degustamos un rico pulpo, mejillones y otros manjares acompañados de un buen albariño y cerveza, según el caso. El día ha concluido, solo falta la vuelta, y yo, conduciendo, he de renunciar al consumo de alcohol para regar las viandas… con ello también acaba mi relato, pero no mi recuerdo.
El baile de las brujas sobre la roca