domingo, 28 de enero de 2018

Antipoema insultante


En la entrada anterior hable de la antipoesía. Hoy querría hacer un pequeño ensayo de “antipeosía” , más o menos rítmica ¿“anticultural”, debería decir? No sé… en todo caso es un cúmulo de insultos airados ante un sujeto pelmazo, del que no te atreves a decir lo que piensas para no infringir las normas sociales. Son cuarenta insultos en 38 versos. El poema rompe la hipocresía de ese sujeto que se guarda en su coco lo que piensa del pelmazo, mientras pone cara de aceptación y escucha paciente ante la idiotez del otro. Al mismo tiempo, para darle un valor añadido, se definen los insultos, pues conocer el significado de las palabras insultantes forma parta del bagaje cultural de la ciudadanía, por lo que al final se señala esos significados.

Antipoema insultante
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¡Ozú!, que me tienes harto
que no te puedo aguantar
que me vas dando la vara
sin poderlo remediar.

Vete a la mierda chiquillo
y déjate de chorrás
que eres más pesao que el hambre
sin un mendrugo de pan.

Tienes cara de chinchoso
pinta de malafollá
la risa es de chirimbaina
la mira de carajote
un razonamiento vaina
con la mente de alcornoque.

Eres tonto de remate
un cenutrio cebollino
que con tipo de charrán
no deja de ser cretino.

Y si después de lo dicho
no entiendes lo que has leído
serás bellaco y belloto
berzotas y lechugino
lameculos y tramposo
por no decirte gorrino.

Te quies ir ya, tío zopenco
gaznápiro y gorrumino
chupóptero, ejarramantas
energúmeno, pollino
mierdaseca, pagafantas
panoli, peinabombillas
mentecato, tuercebotas
zampabollos y capullo;
un mindundi piltrafilla
que como lerdo ha nacido.

Te quies ir ya
mameluco y botarate
un mastuerzo y malasangre
vaya a hacer yo un disparate.



1.         Alcornoque: Persona ignorante y zafia.
2.         Bellaco: Canalla, bribón.
3.         Belloto: Personal muy bruta de origen rural
4.         Berzotas: Ignorante o necio.
5.         Botarate: Persona atolondrada y poco sensata.
6.         Capullo: Persona que hace faenas. Ingenuo, torpe, de poca experiencia.
7.         Carajote: Tonto del culo. También engreido.
8.         Cebollino: Persona torpe e ignorante.
9.         Cenutrio: Persona poco hábil o de corta inteligencia.
10.       Cretino: Estúpido, necio.
11.       Charrán: Pillo, tunante.
12.       Chinchoso: Molesta y pesada.
13.       Chirimbaina: Tonto, subnormal.
14.       Chupóptero: Individuo abusivo, explotador.
15.       Ejarramantas: Dícese de la persona poco culta o poco hábil en un trabajo o actividad.
16.       Energúmeno: Persona furiosa, encolerizada.
17.       Gaznápiro: Palurdo, simplón, torpe, que se queda embobado con cualquier cosa
18.       Gorrino: Sucio, desaseado, que produce asco.
19.       Gorrumino: Cobarde, pusilánime, enclenque.
20.       Lameculos: Persona aduladora y servil.
21.       Lechugino: Persona joven demasiado arreglada y presumida.
22.       Lerdo: Lento y torpe para comprender y hacer algo
23.       Malafollá: Una mezcla de apatía, desgana y lo contrario de simpatía.
24.       Malasangre: Personal despreciable por sus malas intenciones. Cruel, vil.
25.       Mameluco: Necio y bobo, simple, zoquete....
26.       Mastuerzo: Torpe, necio.
27.       Mentecato: Tonto, fatuo, falto de juicio, privado de razón.
28.       Mierdaseca: Tipejo sin oficio ni beneficio. Apollardao. Que tiene poco nervio para hacer las cosas.
29.       Mindundi: Persona insignificante o de poca categoría.
30.       Pagafantas: El 'pringao' pegado a la chica guapa, que no tiene ninguna posibilidad de ligársela pero que está acechando.
31.       Panoli: Simple y fácil de engañar.
32.       Peinabombillas: Tonto.
33.       Piltrafilla: Persona o cosa en muy mal estado
34.       Pollino: Persona simple, ignorante o ruda
35.       Tonto: Falta o escasa de entendimiento o de razón
36.       Tramposo: Embustero, petardista, mal pagador.
37.       Tuercebotas: Vagabundo o pordiosero que anda con los pies medio desnudos.
38.       Vaina: Persona poco seria e irresponsable.
39.       Zampabollos: Que come con ansia y en exceso.
40.       Zopenco: Tonto y bruto.


jueves, 25 de enero de 2018

ANTIPOESÍA


Tras la muerte, a los 103 años, del poeta chileno Nicanor Parra, hermano de la cantante Violeta Parra, premio Cervantes y también Reina Sofía de poesía iberoamericana, además de otros  galardones y reconocimientos, he indagado algo sombre su trayectoria y sobre la “antipoesía” que él promovió.

El prefijo anti no es la primera vez que condiciona algo mi vida, pues en la etapa que me dediqué a la salud mental anduve en contacto con las teorías de la “antipsiquiatría”. Fueron momentos especiales, donde unas nuevas concepciones de la psiquiatría ponían en entredicho las teorías y tratamientos clásicos, al amparo de la movida de contenido social y político que se daba en la transición; con ello se identificaba, al denominado paciente, como un síntoma de la patología social que lo había generado y etiquetado como tal para hacer de él un chivo expiatorio de los males de una sociedad enferma. Por tanto se debía retornar a su lugar, integrarlo, con sus características singulares, en la sociedad que lo parió, sacándolo del manicomio. A partir de aquí venía un debate que confrontaba a la sociedad con su realidad generadora de las llamadas patologías clínicas y de los etiquetados que arrojaban al paciente a la marginación. En estas circunstancias y durante 10 años anduve implicado en una reforma que, con sus errores y aciertos, hicieron cambiar la dinámica de asistencia sanitaria en el mundo de la psiquiatría, integrando esta patología en el sistema nacional de salud como una enfermedad más a tratar. Si bien el camino es largo y no concluyó aún, al seguir existiendo cierta marginalidad de la locura, se consiguió un importante paso al despertar la conciencia profesional y social  y otorgar al “paciente psiquiátrico” otro rango en una sociedad más abierta y menos marginadora.

Esta breve descripción sobre otra teoría que se define con el prefijo “anti” puede que condicione mi visión de la “antipoesía”, pero creo que hay rasgos comunes entre ambas cuestiones desde su significancia refutadora y rompedora del sistema clásico en los dos mundos. Creo que ambas comparten esta intencionalidad rompedora, con su idea revolucionaria de cambio para establecer vías alternativas de expresión y/o análisis del problema.

La “antipoesía” trasgrede y rompe normas más allá del propio verso blanco o rima libre, aflorando sentires y emociones descritas, casi desde la vulgaridad, con esa concepción iconoclasta, entendiéndola como la negación y rechazo a la autoridad de maestros, normas y modelos. De aquí que Nicanor Parra, atacara o cuestionara a grandes poetas de trascendencia universal, ya que la “antipoesía” es más directa, coloquial y provista de dichos populares, y se opuso a la imperante en su país a mediados del siglo XX, encabezada fundamentalmente por Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Pablo de Rokha.​ Bajo mi opinión, esta tendencia no está exenta de rechazo y, en cierto sentido de mofa o ridiculización, hacia lo clásico, retomando formas expresivas rayanas en lo vulgar y cotidiano de la vida social.

Por tanto, al igual que la “antipsiquiatría”, es rompedora, innovadora, revolucionaria y cultiva la fluidez desde la expresión popular en su sentido más amplio. En todo caso, ¿es necesario romper y denostar la existente para cambiar? Como requisito de desarrollo y maduración, siempre es necesario competir con el poder de lo antiguo hasta relevarlo o conquistarle la parcela que se pretende, en función de la capacidad homeostática del sistema o de la apertura de mente y de la membrana protectora que envuelve al grupo en el poder. Es muy normal tener que competir y pelear con quien ocupa o define el poder y los espacios de modelos imperantes, para encontrar el propio.

¿Es poesía la “antipoesía”? Por definición no debería serlo ya que en el propio nombre lleva implícito el rechazo a ese concepto. Pero al tratarse de oposición o rechazo a la autoridad de maestros, normas y modelos que conforman la poesía en su sentido clásico y actual, cabe pensar que lo que pretende es buscar su lugar en el mundo poético como otra concepción expresiva de la lírica, rompiéndola y llevándola a la expresividad vulgar y popular, creando espacios asequibles al pueblo llano, y desprendiendo la poesía de la tutela exclusiva de las élites. En todo caso, el recurso a la ironía es, prácticamente, una constante y la necesidad de libertad absoluta para expresarse es incuestionable, sin ella no habría “antipoesía” dada su trasgresión de la norma como su esencia misma. Nicanor Parra defendió que la poesía estaba en las cosas inmediatas, en la tierra, en el aire, en la oralidad perdida. Sólo había que encontrarla y bajarla al suelo, donde despliega por sí misma sus muchas razones.

En este sentido, para un mejor contacto y conocimiento, transcribo unos ¿habría que decir “antiversos”? de su “antipoema”: Canción para pasar el sombrero, donde un mendigo canta sus males para pedir la limosna.
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Compadézcanse de este pobre cornudo
no dispongo de otra forma de ingresos.

Ahora que voy a decir una cosa por otra
sufro de una enfermedad incurable
contraída en la más tierna infancia:
tengo todo el lado derecho paralizado
me puedo morir en cualquier momento.

Mi enfermedad se llama encefalitis letárgica.

Para colmo de males
acaban de operarme de la vesícula
si les parece les muestro la cicatriz.

Ay!… No tengo paz en ninguna parte
para qué voy a decir una cosa por otra
los pelusas del barrio me persiguen tirándome piedras
hay que ser bien caído del catre
para reírse de un pobre viejo zarrapastroso
que no tiene ni donde caerse muerto.
Si mi querido abuelo estuviera vivo
yo no tendría que andar pidiendo limosna
¡otro gallo muy diferente me cantaría!

Dicho sea de paso tengo que juntar diecisiete dólares
antes que me venga el ataque
para pagar mi dosis de heroína
a buen entendedor pocas palabras
si no me dan por la buena
van a tener que darme por la mala
para qué vamos a decir una cosa por otra
yo soy bien hombrecito en mis cosas
arriba las manos maricones de mierda
vamos saltando o les saco la chucha!

(De su libro: El último apaga la luz. Obra Selecta)

Este poema o “antipoema” es de una contundencia tremenda. Refleja la situación de un mendigo que hace un repaso a los males que le han llevado a mendigar, y los va expresando de forma descarada, insolente y grosera. Es por tanto una de las realidades sociales que nos encontramos en esa sociedad cargada de injusticia y marginalidad y que vamos viendo en el día a día. He presenciado en más de una ocasión al pedigüeño que relata los males que arrastra y le llevan a pedir, mas cuando no se le da nada insulta, incluso, amenaza al que le negó la ayuda.

Concluyo que, para mí, los elementos identificadores de la “antipoesía” son: la ironía, innovación, ruptura, burla a los poderes políticos y religiosos, vulgaridad expresiva, disidencia social, trasgresión de la norma… siendo más directa y coloquial, exenta de rima y métrica aunque no de ritmo, además de otros que posiblemente le podamos adosar. 

Dejo este enlace a YouTube donde se recita el poema trascrito en parte, con un fondo de canto gregoriano: Canción para pasar el sombrero.


martes, 16 de enero de 2018

La obligación de pensar.


Entiendo que cada uno tiene sus habilidades. Yo escribo. Y escribo para mí, básicamente para mí. Pero publico lo que escribo porque puede haber gente que comparta gustos conmigo, porque mi forma de escribir le permita sentir cosas, porque mi expresión la pueda hacer suya y, no teniendo habilidad para expresarlo, se sientan identificados con mi texto.

Escribir es pensar. Y pensar es crecer, porque el que piensa deduce y saca conclusiones y al hacerlo aprende y crece. El ser humano ha venido al mundo para crecer, para pensar, por eso se diferencia de los otros animales. Cada uno tiene una obligación consigo mismo y con la sociedad. Esa obligación es el ejercer de ser humano, de pensar y aportar su pensamiento al conjunto de la ciudadanía… pero sin estridencias, sin querer que el pensamiento propio sea el definitivo, el único válido, el que se ha de imponer, sino entenderlo como un pensamiento complementario a los demás, como otra visión del mundo, de la verdad cósmica, que suma desde otra perspectiva, desde otro lugar donde solo está ubicado el pensador.

No obstante, eso no quiere decir que uno no defienda como verdad su pensamiento por encima de los otros, sino que, estando seguro de que su idea es la verdadera, está dispuesto a modificarla si se le demuestra que está equivocado, y eso requiere una mente abierta. En todo caso, hablamos de una actitud asertiva, en la defensa de los principios, derechos o ideas propios (La asertividad implica una estrategia y estilo de comunicación que la sitúa en un punto intermedio entre otras dos conductas polares: la pasividad, que consiste en permitir que terceros decidan por nosotros, o pasen por alto nuestros derechos; y por otro lado tenemos la agresividad, que se presenta cuando no somos capaces de ser objetivos y respetar las ideas de los demás).

Para pensar libremente, sin estar sometido al pensamiento impositivo ajeno y su dominio manipulador, se ha de apartar uno del mundanal ruido, de las influencias interesadas de los grupos y sus líderes, de la imposición del pensamiento de sujetos ijnmaduros que no comprenden que el pensamiento del otro es el fruto de otro huerto que ha hecho crecer la perspectiva del mundo, la realidad existente aunque no nos guste. El librepensador, a veces, se siente solo, porque es lógico que así sea, porque no se somete al grupo que le pueda acompañar con su alabanza, utilizada a modo conductista de su propia actitud, conducta y razón.

El poder o el dominio y adaptación al entorno, intrínsecamente reside en el pensar, en la capacidad de razonar, de concluir, de tener clara conciencia de la realidad y de las variables que la condicionan. La evolución del ser humano como tal se da por el pensamiento, por la comprensión del entorno, de sus leyes y de la interacción de la propia naturaleza. El ser humano tiene su hándicap en comprender su mundo, porque todo está en el mundo, solo ha de descubrir lo que ya existe para desarrollarlo, conseguir la técnica para sacar a flote lo existente. ¿Cómo iban a imaginar los filósofos griegos los vuelos de aviones, los teléfonos móviles, la tele, la robótica y mil cosas que hoy parecen juegos de niños? Sin embargo orientaron el pensamiento filosófico, el desarrollo de la capacidad de pensar racionalmente, sin dejarse llevar por las apariencias, sino por el profundo conocimiento desde la competencia en la materia del razonamiento.

Pero no quiero perderme en disquisiciones filosóficas, que no es mi tema, sino centrarme en que, con mayor o menor competencia o capacidad para razonar según los conocimientos, todos estamos obligados a pensar para realizarnos como seres humanos libres. Pero pensar sin ataduras, sin subordinaciones, sin sumisiones, sino desde el propio e independiente criterio. Con creatividad e imaginación, viendo más allá de la realidad visible. Luego lo contrastaremos, lo validaremos, si ello es posible, en relación al pensamiento ajeno y sus aportaciones que clarifiquen el nuestro.

Yo he pensado desde tiempo lejano, que el ser humano tiene dos referentes de desarrollo personal, dos parámetros para medir y comparar la evolución de su propio desarrollo. Hay una valoración intrapersonal, donde se analiza los cambios que se van desarrollan con respecto a uno mismo, a los estadios anteriores, a lo que éramos antes y somos ahora. Antes no sabía esto, pero ahora lo sé; antes no conocía aquello, pero ahora sí…  me he superado, he crecido respecto a lo que era. Eso es la evaluación intrasujeto, comparándose con uno mismo. Puede ser muy gratificante en función de los objetivos que nos vayamos poniendo, porque nunca debemos ponernos objetivos inalcanzables para no frustrarnos. Los objetivos de desarrollo personal deben ser asequibles y realizables, escalonados, para subir seguro la escalera que nos lleva a la cima. 

Luego está la evaluación intersujetos. Eso quiere decir que nos comparamos con los demás. De aquí puede surgir lo verdaderamente frustrante, la que nos lleva, por lo general, a sentirnos más o menos que los otros. Cuando somos vencidos, es posible que huyamos del combate, que nos apartemos de la lucha y que renunciemos a crecer en ese terreno donde los demás son superiores (yo no sirvo para ello, nos diremos). En esta actitud de competencia se nos suele educar. Competimos, confrontamos, porque lo importante es ganar, es quedar por encima del otro, para elevar la autoestima y adquirir poder y dominio. Es la filosofía de que la vida es una lucha con los otros, lucha por el dominio y el poder, por ser más, por ubicarnos en la clase social que deseamos. En el fondo, este pensamiento, no se sustentaría sobre la propia evolución (eso de valoración intrasujeto), sino sobre la comparativa con el otro, porque lo importante no es que yo alcanza los mejores niveles que pueda alcanzar, sino que supere al otro… soy más alto porque el otro es más bajo; soy más guapo por que el otro es más feo; si le rompo la cara no seré más guapo de lo que era, pero seré más guapo que él y le ganaré en el mercado de la belleza. Error, craso error, casi siempre del entorno, de los propios padres, que nos quieren líderes y los mejores del mundo.

Pero si antes vemos y analizamos nuestras posibilidades y establecemos un diagnóstico preciso con relación a los otros, sabremos donde no podemos competir en la comparación intersujetos, pero sí mejorar en la comparación intrasujeto. Pensar por mí mismo y mejorar mi pensamiento. Conocer el de los demás pero para conseguir llegar a su nivel de entendimiento si es posible, aceptando donde estoy, mis limitaciones y mi necesidad de seguir creciendo.

Cada ser humano tiene un camino distinto, su propio camino, su karma, que lo ha de recorrer solo, aceptando ayuda para orientarse pero nunca para evitar hacerlo, ni que se lo hagan otros o hacer el camino que marque el otro, ese será el de ellos, pero no el tuyo.  No envidies el camino ajeno, que no lo conoces. No renuncias al tuyo que es el que tienes la obligación de recorrer. Pero el tuyo no es un sino, es el camino que se hace al andar, como decía el poeta, es el que te es permitido recorrer en función de tu propio aprendizaje, de tu capacidad para verlo y transitarlo.

Por eso, amigo, yo puedo ser catedrático, médico, ingeniero, arquitecto u obispo… y tú campesino, carpintero o albañil, pero entre ambos no hay mucha diferencia, solo está el lugar y el camino a recorrer. En cada uno de ellos seguiremos caminando hasta llegar al final, que, al fin y al cabo, será el mismo, la muerte. Y en la muerte, un buen carpintero o campesino, es igual de importante que un buen ingeniero o catedrático… cada cual dejó su impronta en el mundo, si supo hacer bien su trabajo, si supo recorrer el camino que le fue dado hasta el final… y para conseguirlo ambos debieron utilizar su pensamiento, su creatividad, su razonamiento para hacer bien su cometido, que siempre implica la motivación para crecer, estés donde estés. El que no piensa, el que se entrega al pensamiento de otro, por ideología o religión, quien renuncia al intento de comprender, incluso, lo incomprensible, está renunciando y esquivando su camino evolutivo. 

Duda, piensa, analiza, razona, comprende y crece… porque si tú creces crecen los demás contigo, porque tu crecimiento se queda aquí como la herencia mayor del ser pensante para sus hijos y semejantes, para la sociedad madura en proceso evolutivo.

Cuando naces se te regala un capital. Ese capital es tu inteligencia. Durante la vida, haciendo el camino, lo has de gestionar. Cuando mueres deberías dar cuenta de lo que has hecho con ella. Si tenías para dar 100 y diste 60 mereces menos reconocimiento que el que tenía 10 y dio 9. Dio menos que tú, pero tú diste un 60% y él un 90%. Todo es relativo en ese sentido, en función de donde partas.


Piensa amigo, piensa… y si te he hecho pensar con mi propio pensamiento, me sentiré contento porque ejercerás la suma libertad de la persona, que está en su pensamiento. El que piensa ha de ser libre y cultiva el camino de la libertad, y sobre todo el de la creatividad, que no es otra cosa que el descubrir potenciales ocultos y realidades ignotas que estando ahí no sabemos llegar a ellas. 

lunes, 1 de enero de 2018

MIS DESEOS PARA 2018



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Parece que, como siempre, el fin de año nos lleva a pensar, a meditar sobre lo que hemos hecho y no hecho y, sobre ello, sembrar nuevos deseos para el futuro a modo de objetivos. Pero lo cierto es que, a lo largo de la vida y la existencia del ser humano, es una constante la búsqueda de la razón de esa propia existencia y del marco en que se desarrolla. Filosofamos sobre ello, racionalizamos lo conocido e inventamos o hipotetizamos lo desconocido, pero siempre con esa necesidad inexorable de saber y justificar el gran objeto de la vida. Cada civilización se sintió en poder de la verdad y acabó imponiéndose sobre otras con esa pseudoverdad; pero la verdad es algo más grande, algo que se escapa a nuestro conocimiento, que se persigue a lo largo de la vida sin encontrarla, como dos líneas asintóticas que se acercan pero no se encuentran. La verdad está en el cosmos, en sus leyes y esencias, y nosotros somos una proyección del cosmos, por lo que la verdad puede que esté en nuestro propio interior. Mantenemos su precario, y a la vez dinámico, equilibrio energético y estamos sujetos a impulsos y avatares incontrolables desde nuestra nimiedad. Podemos creer en dioses creadores, protectores y tutelares, podemos rebelarnos contra el orden del poder humano y buscar la verdad a través de la ciencia y el conocimiento derivado de la razón, o ahondar cada cual en su interior para encontrase con uno mismo desde la libertad personal y ofrecer sus hallazgos a los demás por si les son de utilidad. Pero danzando desde lo unitario a lo colectivo, desde el ser individual al ser social, iremos descubriendo que la unidad forma parte del todo y el todo puede vivir sin la unidad, pero la unidad es imposible que sobreviva sin el todo… el cosmos sin ti, existe, pero tú sin el cosmos no, puesto que este es la base de tu sustento y existencia.

En ese equilibrio y relación con el cosmos se da la trascendencia, a la que muchos buscaron la viabilidad a través de las religiones o de la proyección cósmica del hombre. Siempre anduvimos buscando esa razón, esa ley cargada de misterio y misticismo que lo explicara todo, siempre buscamos soluciones, más o menos sencillas, a la eterna pregunta existencial.

Este año, en estas fechas, yo quiero romper una lanza por esa otra visión que permita armonizar al ser humano con el universo que nos soporta, con el mundo y su gente, con la convivencia como elemento de sostenibilidad de la vida en común, entre lo unitario y lo colectivo. Por eso recurro al antropocosmos de René Schwaller, al hombre de Vitruvio y al dibujo de Leonardo da Vinci como soporte del deseo de equilibrio entre la gente, entre el hombre y el cosmos. Mis deseos los fundamento en principios, actitudes y conductas que faciliten esa convivencia en paz para que el ser humano pueda dedicarse a su propio desarrollo, a su autorrealzación, sin sumisión a poderes interesados y encorsetadores que lo esclavicen y enfrente a los demás. La suma libre y comprometida de los seres humanos es la garantía de la evolución de la especie.

René Schwaller de Lubicz en su obra maestra El Templo del Hombre, fruto de una larga investigación del Egipto faraónico, encontró en el templo de Luxor la representación de un hombre, el Antropocosmos, el hombre universal o arquetípico, cuya figura fue completada de manera idealizada en las diversas construcciones del templo, donde también encontró iterado la proporción áurea, phi, φ. De aquí bebió el arquitecto Vitruvio (que le da nombre al dibujo de da Vinci) para establecer las proporciones de la figura humana bien formada, entendiendo que el hombre es la medida de todas las cosas… el Antropocosmos representado en Luxor.

La privilegiada inteligencia de Leonardo da Vinci plasmó en estas medidas la cuadratura del círculo, consiguiendo representar en una misma figura humana, sometida a esas proporciones, un círculo y un cuadrado de la misma superficie, un equilibrio entre lo imposible como algo posible, tal como puede verse en el dibujo “davinciano”. Por ello, el hombre de Vitruvio de Da Vinci, es tan significativo, un verdadero emblema de una forma de pensamiento que conjuga ideas filosóficas, matemáticas y alquímicas y se inscribe dentro de una mentalidad analógica. Como expresó John Mitchell: "Hombre, templo y cosmos eran vistos idénticos, y bajo este entendimiento se erigió toda la filosofía y la ciencia del mundo antiguo".

Como ya he dicho, este año quiero tomarlo como soporte de mis pretensiones, para desear a mis amigos ese equilibrio, no solo físico, sino mental, que permita sentirse una proyección del universo que habitamos, armonía del cosmos interior y astral, que proyecte la paz y los sentimientos que expongo. Tal vez, como vengo insistiendo, el hombre encuentre la verdad a través de su nimiedad cósmica, siendo una representación, en sí mismo, del cosmos y las leyes que lo rigen.

En torno a la figura plasmo mis deseos. En el centro identifico el año, pero coloco dos estrellas que determinan la vida y el progreso de la persona y la sociedad: Una en la frente, a modo de tercer ojo asociado al despertar de la conciencia, vinculado al conocimiento profundo de uno mismo, a lo intrínsecamente espiritual, a la esencia inefable de cada ser humano. También lo vinculo al cerebro, donde habita la razón que nos lleva al conocimiento de la ciencia, junto a la fantasía intuitiva, que nos hace utópicos, aflorando la creatividad, donde se ubica la racionalidad del ser humano y su discernimiento, pero también las emociones y sentires que soportan nuestros impulsos y voluntades. Otra estrella en el sexo, que mueve la creación de la vida para perpetuar la especie, que transmite los mensajes genéticos que van consolidando el desarrollo del ser humano, que condiciona y enmarca la relaciones de la necesidad, el deseo y el amor para llevarnos a la trascendencia. En el centro, dejo al descubierto el ombligo del hombre, que es el ombligo del mundo, por donde se va introduciendo el nutriente que permite al feto su alimento hasta formar al ser humano, la conexión entre la nada cósmica y lo material que soporta la vida.

Finalmente, cada deseo tiene su explicación conformando un todo que, bajo mi modesta opinión, enmarca las esencias de las relaciones humanas y su crecimiento solidario. Por tanto, amigos y amigas, estos son mis deseos para todos vosotros…

1.       PAZ: Para  poder  dedicarte  a  crecer  sin  tener  que  emplear tu tiempo en defenderte de las agresiones.
2.       SALUD: Que te otorgue la energía necesaria para afrontar los retos de la vida.
3.       ALEGRÍA: Para compartir con tus amigos la sonrisa que da inicio a la felicidad.
4.       FELICIDAD: Para que sientas la plenitud y la esencia de las pequeñas cosas.
5.       EMPATÍA: Para comprender a los demás sin juzgarlos.
6.       IGUALDAD: Para que sientas a los seres humanos desde el respeto a la diversidad.
7.       CREATIVIDAD:  Para  que  desarrolles  la  espiral  de  tus  potencialidades y la ofrezcas a los demás.
8.       SOLIDARIDAD: Para  que  no  te  olvides  de  los  que sufren la injusticia, la explotación y la miseria.
9.       INOCENCIA: Para fundamentar la afabilidad y sencillez que te lleve a la bonhomía.
10.   SERENIDAD: Para reflexionar y elaborar el juicio de la sabiduría.
11.   RESPETO: Para saber dónde poner los límites de los propio y lo ajeno.
12.   DIÁLOGO: Para que transmitas tus ideas y te nutras de las de los demás.
13.   AMISTAD Y AMOR: Para que sientas la hermosura de amar y ser amado.
14.   ILUMINACIÓN: Para que tu mente razone sabiamente y comprenda la esencia de la vida.
15.   LIBERTAD RESPONSABLE: Para que tengas la tuya y respetes la de los demás.
16.   JUSTICIA DISTRIBUTIVA:  Para  que  los  recursos  de la madre tierra garanticen la vida digna de cada ser humano.
17.   PROGRESO Y DESARROLLO PERSONAL: Para cumplir todos tus buenos objetivos.
18.   FORTALEZA: Para que puedas conseguir tus propósitos con constancia y asertividad.
19.   SENTIDO COMÚN, porque otro mundo es posible y podemos conseguirlo.



jueves, 28 de diciembre de 2017

Los santos inocentes



El día de los Santos Inocentes viene a conmemorar la dramática matanza de niños ordenada por Herodes… pero Herodes, que fue un rey cruel como pocos, nunca mandó matar a tales niños, sin embargo, este episodio, fue tomado como real por muchos exégetas. Aunque parece haber otra causa en base a las festividades paganas en las que se aprovechaban estas fechas invernales para revertir el orden establecido. Las saturnalias o fiestas en honor al dios Saturno tenían ese carácter burlesco, que inevitablemente se heredó en el mundo cristiano a través de festividades como las mojigangas navideñas, las danzas grotescas de Nochebuena o el risus paschalis, una costumbre interesantísima que encajó a la perfección en el mundo cristiano. Además, el cristianismo tuvo la habilidad de ir incorporando todos los fastos paganos para conseguir una mejor asimilación de la religión cristiana por parte del  pueblo, convirtiendo en fiestas religiosas las ya instauradas desde el paganismo. Eso mismo lo vuelve a hacer al incorporar, como propias, determinadas manifestaciones del mundo precolombino, convirtiendo a la población a la fe católica con mayor facilidad.  

Pero, volviendo al tema, ¿por qué se gastan bromas y engaña a la gente en este día de los Santos Inocentes? Parece ser que, ese engaño, se fundamenta en la habilidad que determinados padres tuvieron para engatusar a los soldados de Herodes y poder salvar a sus hijos de la muerte. De ahí el engaño al inocente, que, en este caso, no era el niño, sino el soldado que iba a matarle.

Por tanto, hoy, día de los Santos Inocentes, debería ser el día de la risa, de la inocentada, del fácil engaño, de la inocencia que todo se lo cree. Vale la pena, pues tras un año serio, de trabajo y formalidad, un día de relajación y cachondeo es reparador. Pero en este país las cosas ocurren al revés, el engaño es lo habitual y hoy debería ser un día de repaso a esas inocentadas y falsedades que nos han ido colocando a los largo del año, sobre todo desde el mundo de la política y las finanzas con sus medios de comunicación.

A mí, la expresión “Los santos inocentes”, puede que por deformación de lector, me recuerda a la novela de Miguel Delibes, llevada a la pantalla por Mario Camus, donde en un entorno rural de la Extremadura profunda, una familia sencilla vive sometida a la tiranía del señorito, que, con sus escasos medios, mantiene valores propios del sufrido pueblo, que cultiva el compromiso familiar, la dignidad, el esfuerzo, el trabajo, la ética, la verdad… principios y valores ausentes en el señorito déspota amparado en el poder que le otorga su ideología política, su riqueza y su hipocresía. Deslealtad con sus servidores, bajeza moral, explotación de los inocentes, prepotencia, despotismo y carencia de valores humanos, definen el carácter de esa clase dominante que se permite, al amparo del pasado, seguir sometiendo al pobre, al sumiso, desde su dictado. En esta novela encuentro una de las expresiones más claras y precisas sobre la diferencia de clases, sobre la España estigmatizada por el pasado y sometida al anacronismo del poder establecido. Es la expresión de la filosofía de una clase dominante que persiste, con los cambios de matiz que se quieran, en mantener un status quo de poder e influencia en beneficio propio.

Dicho lo anterior y volviendo a mi propuesta de lo que debería ser esta fecha como análisis del año y sus inocentadas o engaños, podríamos decir que el pueblo español, incluido el catalán por supuesto, ha sido engatusado, engañado y manipulado un año más. Los pueblos, o sea la gente que conforman los pueblos, tendemos a la convivencia, al encuentro y a la amistad, salvo cuando se nos coloniza el pensamiento, se nos idiotiza aprovechándose de la inocencia, de la buena voluntad y la propensión a dar crédito a las cosas que nos dicen nuestros líderes de opinión, o de la candidez enraizada en la bondad innata de la gente sencilla, para confrontarnos, manipularnos y despertar emociones que matan la razón y nos llevan al conflicto que, casi siempre, oculta otra verdad vergonzosa de aquellos que nos manipulan.

Para ocultar la verdad se crea la posverdad, ese término que la RAE ya introduce y define en su diccionario como: “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. Este año ha sido el año de la posverdad. Se han despertado creencias y emociones para crear una opinión pública de confrontación, de tal forma que absorba la razón y el pensamiento crítico de la gente, dejando fuera del debate la otra gran verdad que no les interesa a los políticos que surja, la verdad de la corrupción, del paro, de la brecha entre ricos y pobres, de instauración definitiva en la crisis, de la pérdida de derechos del ciudadano, de la insolidaridad que practica el propio Estado, de la necesaria defensa de la paz y el entendimiento entre los hombres y mujeres del mundo. Han sembrado la desconfianza entre la gente, el desencuentro que lleva al distanciamiento, a la fractura social y la segregación, manipulando las mentes y su pensar hasta convertir al ciudadano en hooligans del partido en lugar de un sujeto crítico, racional y pacífico que tiende a compartir la verdad para progresar solidariamente.

Por tanto, insisto, en este año de la posverdad, nos han vendido lo impresentable como verdad absoluta, dejando en la cuneta a la otra gran verdad, la verdad verdadera; se nos ha hecho creer:
  1. Que la crisis se ha superado, cuando nos hemos instalado en ella definitivamente.
  2. Que la economía remonta, cuando los que remontan son los ricos.
  3. Que la corrupción se ataja, cuando cada día se ve más claramente que persiste y se desarrolla.
  4. Que hay independencia poderes, cuando el gobierno pasa del parlamento y sigue intentando tutelar a la justicia.
  5. Que la democracia real existe, cuando se sigue manipulando al pueblo y no se respeta la diversidad y opinión ajena.
  6. Que España es un país fascista, como discurso del independentismo que cataloga de tal guisa a quien no apoya sus ideas de democracia.
  7. Que la democracia son las urnas, cuando las urnas son solo un instrumento para implementar la democracia establecida por la ley.
  8. Que España nos roba, obviando la solidaridad interterritorial y las balanzas fiscales y comerciales.
  9. Que la independencia tendría reconocimiento y apoyo internacional continuando en la UE sin más.
  10. Que las empresas no se irían de Cataluña.
  11. Que la decisión de la DUI es democrática, cuando más del 50% de los catalanes la rechazan, mientras el rodillo de los diputados de la ley d’hont se pasaba por el forro, de forma unilateral, las  leyes fundamentales que eran el soporte y razón de la existencia del propio Parlament.
  12. La otra posverdad es el propio referéndum del 1-O, una expresión importantísima de la voluntad de parte del pueblo catalán que no debe caer en saco roto, pues se confirma en las elecciones del 21-D, pero que no tiene validez democrática alguna, ya que no responde a un proceso homologable democráticamente, al no haber participado el conjunto de la ciudadanía catalana, dado que la mayoría no se sintió llamado e implicado en el mismo, como también se ha visto el 21-D. Ampararse en ese pseudoreferendum, convocado, gestionado y evaluado por una de las partes, para cambiar leyes sin consenso, para desconectarse de las leyes del Estado y proclamar la DUI, es un atraco democrático, digan lo que quieran sus defensores.
No deja uno de pensar que los pueblos siguen siendo arrastrados a la lucha de intereses de los que ejercen el poder, a través de esa habilidad que caracteriza al influyente líder, para hacerles ver una priorización de intenciones no siempre sometidas al interés general de los pueblos y de la gente, sino de los propios partidos o grupos de poder. Las fronteras se crearon para eso, para delimitar el cortijo del poder, para sensibilizar al pueblo en defensa de un nacionalismo que les hace diferentes y que, llevado al extremo, dificulta la convivencia con otros pueblos. Si usted quiere cambie cortijo por patria, pues esa patria que venden al pueblo, los poderosos la consideran su cortijo.

Resumiendo, este año ha sido el año de la falacia manipulativa, de la posverdad, de los engaños e inocentadas sostenidos en el tiempo, de la burla distractora para desviar nuestra mirada de lo importante, centrándonos en un conflicto potenciado a conciencia en lugar de la crisis económica y convivencial. Situación que, llegados  a este punto, es de difícil solución si siguen en sus puesto los que la han creado y alimentado; su pundonor, orgullo y la amplia dosis de soberbia que caracteriza a los políticos son hándicap difícilmente superables para entenderse.

Solo queda la esperanza de que el pueblo llano, el que debe decidir sobre quien los representan, tengan la clarividencia para distinguir la verdad de la posverdad, el interés general del interés partidista, el desarrollo humanista de la ciudadanía que facilite la convivencia desde el respeto a las diferencias… de lo contrario la inocentada, el engaño, se mantendrá en el tiempo y nosotros seremos nuevamente “Los santos inocentes”.

Y tú, Milana bonita, arranca el vuelo para ver desde las alturas esa verdad que te niegan, esa visión que te permita valorar lo que no ves, para descubrir la verdad entre esas posverdades que te venden al amparo de tus emociones patrias, de tus credos e ideales, obnubilando tu pensamiento y velando tu criterio hasta entrar en confrontación con la gente de tu propio pueblo, que conforma la humanidad simple y llana...




jueves, 30 de noviembre de 2017

La vieja foto y mi recuerdo


Año 1954. Aldea de los Pérez
Hoy ha caído en mis manos esta vieja foto de mi infancia. Ha sido la llave o el resorte que me ha trasladado al pasado, como una nave del tiempo. Tal vez tenía, entonces, tres años, y posaba junto a la mayoría de niños de la aldea donde vivía. Eran los escalones de la ermita, justo al lado de la escuela, lo que nos sirvió de grada para posar en la foto.

Es curioso cómo estas imágenes generan sentires y sensaciones que parecen olvidadas, cómo fluyen los olores, la brisa y el aire que acariciaba la cara, el olor de la tierra y su contacto, el canto de los pájaros, la sombra del granado y el sabor de su fruta madura, la higuera por la que trepábamos para hurtarle el fruto, o el olivo con su grueso tronco y el ramaje que acogía los nidos de las tórtolas, a las que desahuciábamos arrebatándoles su casa como desalmado banco acreedor, los huevos o los polluelos para criarlos en cautividad, desde la maligna inocencia infantil (aunque suene a oxímoron eso de inocencia y maligna).

Las travesuras infantiles, los juegos peligrosos impensables hoy, las pueriles luchas y combates de guerreros imaginarios, el gélido colegio en el invierno, la monotonía de la maestra repitiendo sus enseñanzas a ritmo de canciones, la casa carente de agua corriente, de servicios y de luz eléctrica; el alimento pobre, aunque suficiente, sin grandes manjares, pan y aceite, fruta del tiempo, garbanzos, lentejas a expurgar, alubias y potajes, por lo general, viudos de carne… tomate conservado en la botella con el arte y la habilidad que mostraba la madre para garantizar alimento en el invierno… la vieja chimenea donde chisporroteaba la húmeda leña soltando su nube de vaho, que impregnaba el ambiente, mientras las morcillas colgadas se iban, poco a poco, ahumando, resecando para mantenerse sanas y comestibles.  

El recuerdo del patio trasero, su muladar, la porqueriza y la cuadra, el gallinero y las conejeras, que dejaba patente una fuente más de suministro alimentario; eran las piezas claves del reciclaje, los animales que convertían los desperdicios en nuevo alimento a través de los huevos o el sacrificio de su propia carne, mientras el resto de orgánicos acababan en el muladar convertidos en abono natural para los campos.

Y cómo no, escasa ropa, cargada de remiendos que alargaban su vida hasta límites insospechados, sandalias de verano que pasaban el otoño con buen uso y solo era el mal tiempo la causa de su desecho para cambiarlas por calzados más acorde a los fríos inmisericordes del invierno, trajecito o ropa limpia de domingo para ir a misa. Paciencia maternal peinando lentamente nuestro pelo para erradicar los piojos y las liendres que ibas cosechando en el colegio. Vida pobre de recursos, pero plena de cariño; dura en su expresión, pero fortalecedora en el espíritu; maestra en la calle para curtirte en el combate, para conformar los grupo, identificar los roles y papeles de líderes y gregarios; una forma de socializarse desde las diferencias de clase que reinaban en aquel tiempo.

Pero sobre todo, me viene a la memoria, el contacto con la tierra. Cómo se hundía el pie dejando huella, su olor según el tiempo, seca o húmeda, polvorienta o embarrada, terrones que se deshacían con la pisada o charcos que invitaban a chapotear en ellos… y a la vista el olivar, ese inmenso ejército alineado marcialmente que parecía subir por la ladera para morir en la batalla del horizonte, con sus camadas cubiertas por la hierba que iniciaba la cadena alimenticia con los insectos, dando alimento a los pájaros que pululaban en bandadas.

Recuerdos de las trampas con sus danzarinas alúas que atraían a los pájaros quedando atrapados para engrosar nuestra mesa. Las hazañas y aventuras infantiles haciendo de cazadores furtivos de perdices, a las que cansábamos corriendo tras ellas para, desde el agotamiento, rendirlas hasta cogerlas con las manos como el que coge una gallina del corral. El espectáculo de los buitres leonados carroñeros, comiendo los cadáveres de los cerdos afectados por la peste porcina, mientras esperábamos que llenaran su estómago para acometer contra ellos y ver cómo les costaba levantar el vuelo ahítos de carne… o el singular espectáculo de la nevada de 1954 con las calles y campos blancos en una tierra siempre ausente, aunque anhelante, de nieve.

Y cómo olvidar la búsqueda por los campos de hierba para alimentar a los conejos, de ramas y raíces para el fuego, de brezo para hacer escobas rama, de nidos para hurtar los huevos de las aves, o de espárragos para completar la exigua dieta alimentaria de la familia. El campo era para el niño un extenso mundo a explorar que ofrecía la aventura de su tránsito, el descubrimiento de su orografía, de su flora y de su fauna silvestre, de los mares del trigal, del olivar inhiesto y ordenado, de las huertas y del río, del frutal y de las plantas que cultiva el hortelano… o de ese mundo mágico cargado de vida donde sorprende una serpiente que impresiona con su reptar sigiloso, el conejo que te salta en el camino, la perdiz que levante torpemente el vuelo, el zorro vigilante para batirse en retirada a la menor señal de amenaza, o el vuelo majestuoso de las aves rapaces explorando, con su vista penetrante, los campos en busca de la presa… albercas para el riego cubiertas por su verde manto de cama de rana donde escuchabas el concierto de múltiples croares, senderos abrigados de follaje y de zarzales y canales de agua fresca que marchaba en pendiente buscando las eras de las huertas para darle savia a la hortaliza. Una universidad de la naturaleza donde se cursaban los estudios de la vida, comprendiendo los principios y fundamentos que alimentan la existencia.


Hoy, cuando se ven las viejas fotos, afloran los recuerdos que nos fueron forjando para ser lo que ahora somos, porque somos lo que somos debido a lo que fuimos. Tal vez en el mañana serán de otra manera, no fraguados en connivencia con la naturaleza, sin haber sentido el contacto con la esencia de los campos, sin experiencia y compresión de los ciclos de vida que van marcando las estaciones: el nacer y florecer en primavera, maduración y recogida del fruto en el verano, languidecer en el otoño con las ramas desvestidas de sus hojas e hibernación en el invierno para dejar la semilla que siembre la esperanza de otro ciclo venidero… las fases de la vida se repiten tenazmente, mientras la mano del hombre no lo trueque y lo acabe destrozando todo. Mas eso solo podrá evitarse si el ser humano ama a la madre naturaleza, si se educa en ese amor y respeto comprendiendo que forma parte de un todo sostenido que, al romperse, solo puede conducir al caos y a la muerte.


miércoles, 29 de noviembre de 2017

Crimen y castigo. Una reflexión


Esto de releer las obras que de joven se leyeron aporta un verdadero placer, no solo por lo que traiga de recuerdo de aquellos tiempos, sino por lo diferente que resulta la interpretación de una novela leída con 20 o menos años, de lo que ahora se descubre en ella. Durante los últimos tiempos he participado, y sigo en ello, en diferentes clubs o grupos de lectura, de la mano de mi amiga María Jesús Albarracín, en el Ateneo o en el que en estos momentos estamos organizando dentro de las actividades de ASPROJUMA, un libro fórum coordinado por Juan Francisco Romero.

Supongo que a vosotros os pasa algo parecido. Cuando se es joven y no se tiene el bagaje y la trayectoria vivencial que se arrastra en la madurez, las cosas se ven de forma diferente. Al releer una novela ahora descubres cantidad de matices e interpretaciones que antes se pasaron por alto o no llegabas a comprender. El análisis de los personajes, el entramado y sus componendas motivacionales, la génesis de las conductas, la personalidad y la complejidad psicológica de los protagonistas, una mejor y más justa imaginación del contexto y los matices de vestuarios,  y la mayor comprensión de la biografía del autor. En suma una percepción más completa de la obra y de sus mensajes en conjunto.

En esta sesión última de libro fórum, hemos tratado la novela de Fiódor Dostoyevski, Crimen y castigo. Es esa historia alucinante desarrollada en el San Petersburgo del XIX, capital de la Rusia Zarista. Curiosamente coincide con que este agosto visité la ciudad, por lo que, muchos pasajes de la novela, los situaba con mayor precisión en sus calles y plazas. El río Neva y sus canales, la avenida de Nevsky, el palacio Imperial (actual museo Hermitage), la catedral de San Pedro y San Pablo, etc.

Pero yendo a la novela, no deja de ser una historia intrigante, con conductas difícilmente comprensibles, cargada de personajes marcados por la miseria y necesidad para su subsistencia, con una amplia representación de las diferentes personalidades que puebla la ciudad y, sobre todo, el barrio. Los protagonistas: Rodión Raskólnikov, es un estudiante fracasado que subsiste como puede, incluso empeñando sus pertenencias, o mediante el dinero que le remite su madre, Pulkeria,  pensionista y su hermana Dunia con su trabajo; la usurera, Aliona Ivánovna, que se aprovecha de la pobre gente para llenar sus arcas, mientras su hermana, Lizaveta, es una santa mujer; Marmeládov, un exfuncionario alcoholizado y caído en la miseria que arruina a su familia mientras su hija, Sonia, se dedica a la prostitución para ayudar a la familia; el pretendiente de su hermana, Piotr Petróvich Luzhin,  sujeto enigmático, frío y trepa, que significa la salvación económica de la familia pero implica el sacrificio de ella por esa causa y, además, se promete sin contar con su consentimiento hiriendo su orgullo; el perverso Svidrigáilov que representa la maldad y la corrupción cargado siempre de sospechas; el Juez Porfirio que mantiene interesantes debates con Raskólnikov; Razumijin, amigo de Raskólnikov y sobrino del juez Porfirio… y sobre todo Semiónovna Marmeládova, mejor conocida simplemente como Sonia, que es la otra protagonista de la historia sobre la que recaen las desgracias, incluido el ejercicio de la prostitución, y sigue, desde su sumisión, entregándose a los demás, hasta llegar a enamorarse de Raskólnikov y seguirlo a su destierro, ofreciéndole una nueva vida en su compañía; vida que se adivina al final de la novela cuando Rodión toma conciencia de su amor por Sonia y ve la salida a su existencia conflictiva y psicológicamente traumática.

La trama tiene su esencia en la convicción de Rodión de que es lícito el crimen ejecutado por seres superiores, por líderes y mentes privilegiadas, que lo cometerían para salvar a la sociedad de una situación deleznable, de injusticia, o procurarles una mejor vida. Los grandes líderes, los Napoleones, han cometido asesinatos y crímenes bajo el convencimiento de que era un mal menor para conseguir un objetivo superior. Esa idea, descrita por él en un artículo publicado por una revista, parece que cuaja en su mente y, ante la miserable y usurera prestamista, él se siento autorizado para eliminarla y salvar al mundo de una arpía, por lo que decide matarla, tras visitarla en numerosas ocasiones y humillarse ante ella para conseguir empeñar, lo mejor posible, sus prendas, entendiendo que es justo que él le arrebate su dinero.

Lo consigue, y escapa, a duras penas, sin sospecha del crimen, pero antes ha tenido que dar muerte a la hermana de la usurera, que se presenta en la casa, para evitar ser denunciado. Lizaveta es una buena mujer que muere como un efecto colateral indeseable y así lo entiende él, pero eso le hace trastornarse aún más con este hecho. A partir de ese momento entra en una crisis cargada de suspicacias, de elementos autorreferenciales, sospechando que saben que él es el asesino. Por ello decide ocultar lo robado bajo una gran piedra en un solar descampado.

En todo este maremágnum emocional, de crisis existencial y de conflicto interno ético y moral, acaba descolocado, enfermo y trastornado su pensamiento. No es el superhombre que tenga derecho a cometer un crimen, sino el ser normal que ha de gestionar su culpa y, como culposo, requiere reparar el crimen. La llegada de su madre y su hermana, el cuidado y preocupación de su amigo Razumijin, el conflicto con el pretendiente de su hermana, las conversaciones con el juez Porfirio, la aparición del pérfido Svidrigáilov, la muerte de Marmeládov y el contacto con su familia y su hija Sonia, conforman un entramado intrigante que mantiene la atención y la ávida lectura. Resalto su confesión del crimen a Sonia, por la que ya se encuentra atraído, y la siembra del amor mediante el acto de ayuda y entrega de sus ahorros para dar sepultura a su padre, crea un vínculo especial. La confesión a Sonia lleva aparejada la culpa por la muerte de Lizaveta, a la que conoce Sonia y de la que conserva un crucifijo que le entrega a él como un talismán para que le proteja, lo que abre, aún más, la puerta del remordimiento por su asesinato.

Decide entregarse, tras ver como iba a ser condenado un inocente que se inculpa del crimen, y someterse al castigo reparador para purgar su culpa que asume sin paliativos, siendo enviado a Siberia a cumplir 10 años de reclusión y trabajos forzados. Sonia le sigue, pues su madre, tuberculosa, ha muerto y sus hermanos han sido ingresados en orfanatos con un importante donativo del perverso Svidrigáilov, que en un acto final ha dejado su fortuna a los necesitados y se ha suicidado. Mientras, su madre,   Pulkeria,  que piensa que se ha marchado al extranjero, aunque en el fondo sepa la verdad oculta, ha quedado en San Petersburgo junto a su hermana que se casa con su amigo Razumijin.

La bondad de Sonia se evidencia con los presos a los que ayuda escribiendo sus cartas y haciendo de correo en el exterior, lo que lleva, al final, a Rodión, a tener conciencia de su amor por ella y empezar a soñar con un futuro juntos, quedando en el aire, pero sobreentendido, que cuando termine su condena formarán un hogar.

Del autor dijo Friedrich Nietzsche: «Dostoyevski, el único psicólogo, por cierto, del cual se podía aprender algo, es uno de los accidentes más felices de mi vida». Luego, Nietzsche, elaboró su teoría del superhombre que tiene una coincidencia con el planteamiento que manifiesta Rodión Raskólnikov en el artículo que había escrito un tiempo antes del crimen en la revista y al que ya me he referido. También queda manifiesta esa idea cuando Rodión le dice a Sonia: “Y ahora sé, Sonia, que tiene poder sobre las personas quien es más fuerte por su inteligencia y su espíritu. Para la gente, el que se atreve a mucho es el que lleva la razón. El que más cosas menosprecia se convierte en su legislador y el más atrevido es el más escuchado. Así ha ocurrido hasta ahora, y así será siempre. ¡Sólo un ciego no lo vería!”

Yo destacaría como elementos más significativos desde un punto de vista psicológico, la joven personalidad de un soñador que va a estudiar a la universidad con el deseo de triunfo, pero que se ve atrapado  en un mundo de pobreza, miseria y de bajos fondos. Es esa exaltación megalómana que le precede en su proyecto inicial de vida, la que le provoca su idea de superhombre, de la justificación del crimen en función de la bondad resultante, eliminar a la usurera es un acto de justicia social en el mundo ruso prerevolucionario del siglo XIX. Luego, la miseria de su entorno, su incapacidad para ser insensible ante el dolor y sufrimiento ajeno, el afloramiento de su bondad ayudando a la familia de Marmeládov para pagar su entierro, el proceso de razonamiento que establece con el juez Porfirio, la toma de conciencia del mal causado y las diferentes manifestaciones de los otros protagonistas, le hace ver en su subconsciente que él no es un ser superior, sino uno vulgar, que no está exento de culpa ante un crimen y aflora el sujeto culposo, el que entiende la justicia desde la verticalidad donde el pobre hombre que infringe la ley ha de pagar por ello para redimirse, tal como describiría Freud con su segunda tópica y la figura del superyó años más tarde. Tal vez, como ya he dicho antes, una circunstancia incontrolada pueda haberle despertado esa culpa, esa ejecución injusta de Lizaveta que le tira por tierra el planteamiento. Ya no es la usurera la que muere para liberar a la sociedad de esa arpía, sino la buena hermana, la inocente, la bondadosa y trabajadora. Ello le enfrenta al fracaso del superhombre que se pensaba, al fallo de su objetivo y despierta el remordimiento.


De la fase de creerse superhombre, pasa a otra fase de verse como un pobre sujeto que ha cometido un crimen, que ha privado de la vida a Lizaveta y que, para más inri, hay un sujeto inocente que va a pagar su crimen. Quiso escapar de la normalidad, de la sociedad a la que pertenecía, pero surge de su interior la personalidad oculta que le corresponde por su procedencia relativamente humilde y le muestra que su delirio de superhombre no es más que eso, un delirio, y que no podrá vivir en paz bajo la culpa, sometido siempre a la suspicacia y la paranoia de ser perseguido y descubierto por el juez y la policía. Tal vez se dé un fenómeno de reubicación existencial, un proceso de maduración, dejando atrás los delirios juveniles para caer bajo el peso de la realidad social, ética y moral de donde viene. Enamorarse de una chica joven, pobre, que ejerce la prostitución para ayudar a la subsistencia de su familia, le despierta su propia sensibilidad en su entorno de referencia. Ese trastorno existencial, esa búsqueda de su esencia como ser humano, le ha tenido absorto, desconectado de su ambiente familiar y social, abstraído en su pensar y en su lucha interna por identificar y comprender su propia existencia que le permita salir de ese estado confusional. Cosa que consigue cuando un día, tras no venir a verle a la prisión por estar enferma su amiga Sonia, aflora el sentimiento del amor para conducir su pensamiento hacia un proyecto de futuro estable junto a Sonia, ejemplo de bondad y constancia en su dedicación y principios, eso sí, una vez que haya purgado su culpa…